Los desechados. El infierno de barrio infierno.

2008.03.30

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Nunca pude olvidar la expresión de Ronald Beliows cuando le comunicaron que se había convertido en un desechado. El miedo invadió su rostro hasta el punto que lo vi encanecer ante mis propios ojos. Lo juro.

Ronald tenía todos los pecados habidos y por haber a sus espaldas. Dicen que las cruces salían huyendo a su paso y que los virgos de las monjas estallaban si pasaba a menos de dos yardas de ellas.

Pero es que Ronald había tenido tiempo de hacer carrera.

A pesar de ello, nada dura eternamente y ahora debía pagar. Lucifer siempre invitaba a tres rondas antes de llevarse a un desechado. La primera por Dios, la segunda por la virgen, y la tercera por su cipote.

Pidió la primera.

-          ¡Va por Dios! – Dijo levantando el vaso hacia arriba mientras sacaba una maloliente lengua negra y viperina. Unos enormes cuernos blanco marfil salían de unas protuberancias negras como el resto de su cuerpo, desnudo, que exhibía un enorme pene con un glande rojo y abultado. Su mano, con dedos largos rematados por largas uñas, se posó en el hombro de Ronald.

Ronald se meó encima dejando un charquito junto a la pernera izquierda del pantalón. Él cargaba hacia la izquierda.

Pidió la segunda.

-          ¡Va por la Virgen!- Apenas un instante detuvo su copa en el aire, un instante en que detuvo toda maldad para mirar un recuerdo de algún pasado atormentado, quizás por una mujer. Puede ser que  el recuerdo lo hiriera,- de cualquier forma- cogió por la pechera a Ronald y le arrancó el alma delante de todos, sin ningún pudor.

Pidió la tercera.

-          ¡Va por mi cipote!. – Y cogiéndoselo por la base empezó a menearlo de forma amenazadora hasta acabar dando un golpe encima de la barra que sonó como un disparo. Todos nos quedamos esperando. Expectantes. Boquiabiertos.

Y un agujero negro como la noche se abrió a pies de Ronald y el Diablo, tragándoselos sin truco, sin cortinas. Sin compasión.

Ahora Ronald es un desechado, un sin alma pegado eternamente al sufrimiento en la ignorancia de saber si está vivo o si está muerto. Con el pelo cano y la cabeza agachada, pasa su tiempo mirando a un campo de flores muertas. De cielo gris.

Y penas eternas.

Y a mi qué

2008.03.30
Categories : musica

A veces

2008.03.27

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A veces resuena el trueno

que se abre paso entre iras

rompiendo costras duras

como piedras.

A veces río entre lloros

y me bambolea la felicidad

que apresuro a dejar escapar

para quedarme con su recuerdo

lo único que, de ella, perdura.

A veces la vida es amable

aunque suene con fuerza por arriba.

A veces puedo tocar un alma

reconociendo el tacto de lo divino

que siempre es humano.

A veces

Sólo a veces

La vida merece la pena.

la muerte no tiene importancia

y la luz,

es

dulce

y

serena.

Categories : poesia

C-ouTzrO

2008.03.26

Categories : ajedrez

Regreso al mundo de las hormigas

2008.03.25

 De pronto

la luz se apagó

y todos quedamos a oscuras.

Uno esperó quieto, confiaba en que se encendería de nuevo

otros muchos se levantaron

e hicieron las preguntas

¿qué ha pasado?

¿dónde está el clavicordio de las luces?

otro se puso a llorar histérico

había uno que se puso a consolar al llorón

los activos se organizaron :

- Mechero

- Aceite

- recipiente

Se oían golpes

y las rodillas quedaron magulladas.

Hubo confidencias del tipo

“me da miedo la oscuridad”

él cogió la mano de ella

y se la puso en el cipote

mientras ella manejaba,

me daba con el codo

golpecitos regulares

en el brazo.

Yo me levanté y me fui

dejándolo todo atrás

como si nunca hubiera existido,

para mezclarme con el resto de indiferentes.

Categories : Flashes

La sala de espera

2008.03.20

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Lo que más me sorprendió fue la sala de espera, sobre la mesa, y en lugar de las revistas pasadas acostumbradas, aquí había cartas. Cartas de amor. Aún estaban en sobres arrugados y levemente rotos por el uso. Pero cada carta estaba en su sobre. Lo sé por la dirección.

Por ejemplo, a Sandra Ruiz Palomares (Avda. de la Estación 54-5ºA), le escribía “soldado de fortuna”. Le decía.

“La granada se ha llevado mi pierna izquierda y parte de la cadera, pero los médicos dicen que hoy en día hacen prótesis de cualquier tipo. Me pregunto si habrá prótesis para lo que también se ha llevado. Sé que lo sentirás más que yo”.

O a Laura Izquierdo Manrique (Cuesta de la prisión 11),

“Apenas te conozco, pero únicamente soy capaz de recordar tu nombre cuando el miedo me invade. Me sorprendo acariciándote en la noche.”

Firmaba C.

Las cartas eran los honorarios exigidos  por Sonia, la bruja a la que había ido a ver. La desesperación me había llevado allí, mi último intento.

La sala de espera estaba sola. Un atril contenía papel blanco grueso almohadillado al tacto junto con una pluma Watermann que invitaba a escribir. Una carta de amor.

Suspiré.

Maldita sea.

Cogí la pluma y tracé una corta línea en la parte superior izquierda del folio para probar el maridaje de pluma y papel. Y escribí.

” A ti,  que aún no has venido y quizás nunca vengas.

Yo hubiera soñado contigo, te hubiera escrito versos.

 Me habrías malherido, y me hubieras hecho preso.

Con el corazón siempre encogido

Por la promesa de un primer beso

A ti que no te conozco

Y a pesar de ello

Ya te quiero

A ti te escribo esta carta

A ti te escribo este verso.”

Dejé la carta en un sobre encima de la mesa de la sala de espera con los demás. Y entré en la habitación de la bruja.

No puse dirección.

Categories : relatos

Sin foto

2008.03.17

Hacía tiempo que no la veía, pero aún así la reconocí. El tiempo no lo cura todo, algunas cosas solo las emborrona. Me dijo

- ¿Te acuerdas de mi?

Yo, que me acordaba perfectamente de ella, lo negué.

- Vagamente.

Ella abrió la puerta del frigorífico y sacó dos cervezas. Abrió una con los dientes y me la puso delante.

- Mentiroso.

- No soy un hombre fácil, soy duro. Muy duro.

 A los dos minutos estaba llorando en sus faldas diciéndole lo mucho que la había echado de menos.

Me di tanto asco que me convertí en asesino en serie, de mujeres. Digo. De mujeres en serie. Bueno.

De una serie de mujeres.

Cuando las atrapo pienso que le rompieron el corazón a hombres desvalidos, y eso me encorajina. Así que saco la navaja y las descuartizo como mi admirado Jacks El destripador.

Bueno, primero las anestesio.

No tengo remedio.

de la autobiografía ” Un hombre sencillo”

Categories : Flashes

lágrima

2008.03.17

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Agua

que moja y

sana

 

Gota

de mirar

salada

 

Que

recorre los

valles

 

Y

nace del

corazón.

 

Agua que escurre y baja

caminando sobre mi mejilla

dirigida sin mando a distancia

a mi alma para curar esa herida

v ver si mojándola se disuelve

y cansada de recordar,olvida

entre lágrimas de rabia

y suspiros sin vida

Categories : poesia

Como el amor en un silencio

2008.03.14

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Viene y va esa marea

agachando cabezas y adormeciendo,

a un sol que no calienta

a un murmullo que va creciendo.

domina el hambre en la batalla,

que encoge estómagos vacíos de ahíto

que rompe tiempos cuando estalla

para que nadie sepa lo que siento.

Cuidando palabras escogidas

atando letras a la garganta

para que mueran y no crezcan

para que suden, en mis entrañas

es vida muy vivida

es el color de tus ojos

o el negro de tus pestañas,

es la muerte de mi dentro

es la furia que se ensaña,

es como la llaga en sangre viva

con un alfiler en su centro

es el aroma de una herida

Es como el amor en un silencio.

Categories : poesia

Historia de una mujer menguante

2008.03.13

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Mi querido diario, quizás sea la última entrada que escribo pues el lápiz ya tengo que cogerlo con ambas manos, y pesa como un lingote de plomo. De ahí mis letras temblorosas y rebeldes al renglón.

Mi balanza me escupe en la cara cuando subo encima. Si tuviera boca se reiría. Me muero de hambre, no tengo fuerza para abrir la puerta del frigorífico que por otro lado, huele fatal a comida podrida que guarda. Como un nicho a un muerto.

Me hago cada vez más pequeña, insignificante.

Mañana, cuando despierte, seré aún más insignificante.

Creo que me iré a vivir con las hormigas, hay un pequeño agujero en la pared del salón, tras la librería por donde salen y entran continuamente, todas en una fila que a veces se desdobla, formando un arco vivo, un hilillo de vida. Creo que me haré reina de las hormigas.

Y tendré miles de hijos. Y millones de nietos.

Y todos me dirán…”Abuelita,!!!, tráeme agua, o..abuelita,!! dáme un beso.

Que guay.

Y entonces.., ya no seré insignificante, y no tendré que escribirte nunca más. Ni podré imaginar historias a mi antojo, donde acabo siendo incluso reina. Tendré todo lo que no tengo, y perderé lo único que me queda, todo mi tiempo.

Mi querido diario, hoy sólo puedo imaginar las palabras que de poder, te escribiría. Dentro de poco, ni siquiera ellas me cogerán en la cabeza y entonces será como morirme. Al final sí que fui al hormiguero. Me pudo la curiosidad. Pero no soy la reina. En realidad aquí reina la república. La que pone hijos está hasta los huevos – según me dijo- y escupe a las hormigas que se cruza en su camino. Yo me hice exploradora. Estoy todo el día buscando hojas y oliéndole las antenas a mis compañeras exploradoras.

No hay vacaciones, aquí uno trabaja hasta morirse, o hasta que se lo coman. Pero hay buen sexo con los hormigones. Aunque aquí lo hacen todo corriendo.

El diario sonrió ante esas palabras recogidas al viento. De forma cruel, se cerró por su mitad atrapándolas junto a las escritas. Tenía todas las palabras, estaba escrito hasta el final. Él era alguien, al fin lo había conseguido. Ahora su futuro se contaría por lecturas, y cada una sería una forma de vivir distinta, él existía para eso.

Lo demás no importaba.

Categories : relatos