
La mujer yace desnuda medio arropada por una sábana que le cruza el vientre dejando el resto a la vista. Tiene un cuerpo adolescente de piel blanca y pezones rosados, generoso y bien torneado .
Duerme..
El hombre, también desnudo, le pone la palma de su mano entre las tetas y nota la regular respiración de un sueño profundo y tranquilo. De reojo mira el vaso vacío con la infusión que le había preparado dos horas antes, – ella pensó que había muchas formas de tomar drogas que no conocía – , y ahora está profundamente dormida.
El hombre se levanta y saca una vela de una bolsa de deporte. Seguidamente la enciende y se dirige a la lámpara que apaga dejando una habitación con una luz mortecina, la luz se mueve hacia la cama donde está la chica. Sujetando la vela con una mano extiende la otra apoyándola en el vientre – una respiración algo entrecortada es la única respuesta en ella – circunvalándolo en sentido contrario a las agujas del reloj, suavemente.
Un murmullo sale de sus labios pero es imposible entender palabras, parece que reza.
- ( se han dado los suficientes pasos, se han cumplido las reglas, ella se entregó voluntariamente, …Dame pues lo que he venido a buscar, aquello que prometiste, es la hora)
El hombre sopla la vela pero la habitación no queda a oscuras, una luz se separa de la mujer y queda sobre su cuerpo iluminándolo. Es su alma. Con la vela aún humeante, el hombre vierte cera caliente en el vientre formando un círculo cerrado – con ello evitará que el alma retorne al cuerpo abandonado pero no muerto-, la chica llora. Sin alma, la invaden pesadillas horribles que podrían matarla. Pero es el riesgo que hay que correr.
Un gran riesgo, para un gran premio. Como ha de ser.
El alma se aloja en la vela y el hombre empieza a vestirse. Es hora de irse. La habitación queda en silencio y la chica gira la cara sin espectadores. Aún llora. Si pudiéramos viajar a su interior veríamos el infierno.
- O..sí que podemos.-
…
Es de día, y una luz resplandeciente entra por un gran ventanal abierto, las cortinas flamean con una brisa suave que refresca. Ella lleva un vestido blanco hasta los tobillos y hay una voz en su cabeza que repite un nombre – ” Adrian”- , va flotando por varias habitaciones accediendo por puertas que se abren y cierran dando portazos, muy fuertes. No logra acostumbrarse a los portazos y camina continuamente sobresaltada en esa mañana perfecta. Busca a Adrian, la brisa arrecia y pone las cortinas horizontales, y la mente repite con cada vez mayor cadencia ese nombre. “Adrian”, ¿Dónde estás?. Nubarrones negros interrumpen la luz haciendo que el blanco se torne gris. La hoja de la ventana se cierra de golpe y los cristales estallan. . un grito de bebé.
Adrian.
La cuna se mueve con violencia y ella se asoma sin entender;.. una rata enorme hunde su hocico en el vientre de un bebé aun vivo.
Que suplica.
…
- ¿ Quien soy?
- Eres un alma.
- ¿ y por qué me has traído aquí?
- Para curarte.
- ¿ Qué quieres?
- Si lo logro, me llevaré parte de ti.
…
El hombre deposita el alma en el cuerpo de la mujer que parece diez años más vieja que horas antes. Rompe el sello de cera pasando el dedo por su vientre y el alma penetra en el cuerpo. Un alma a la que le falta un trozo.
La mujer despierta y ve al hombre. Sonríe.
Y está más bella que nunca.
…
EL hombre baja las escaleras de un sótano, donde una vieja puerta le franquea el paso. Una aldaba cuelga de una cara lisa sin cerradura. El hombre golpea la aldaba y tras unos instantes la puerta se entorna rozando el suelo -entra-.
Hay miles de velas en estantes. Y el hombre coloca otra más.
Dicen que el alma se pega, se rescata y hasta se pierde. Se hiere y enferma. Se vuelve grande o se muere de pena.
Así es como se forma el infierno, con ladrillos que son trozos de almas enfermas, maldiciones extirpadas por un ángel que es dios y diablo. A la vez.