2008.07.28

I.
Llegó en un carromato tirado por dos cansinos caballos de encías viejas y podridas; el carromato era doble y tenía lonas que se apoyaban en medios arcos de cimbra metálicos dándole una considerable altura. El conjunto se movía pesado atravesando el pequeño pueblo de Llanes (Asturias), dirigiéndose hacia las afueras, hacia el rio.
Corría el año 1937, y el luto vestía a las únicas habitantes de la pedanía. Maridos, hijos y hermanos habían sido devorados por la guerra. Sólo quedaban ellas.
Mario Cadonacci era italiano. Pero sobre todo era un profesional. Una vez en las afueras del pueblo se detuvo junto al rio, desató a las bestias que abrevaron y comieron pasto a su orilla. Se metió en el segundo vagón por un hueco de la lona que batió, haciendo que el polvo del camino se desprendiera de sus solapas. Trasteó en su interior y salió con un martillo en una mano, y un cartel en la otra. Contó cien pasos, y clavó el cartel.
” Masturbador de mujeres”
Después echó un vistazo al pueblo que acababa de atravesar, y se dispuso a descargar el carromato.
Los artilugios que del carruaje descendían eran invención suya, toda una carrera en la investigación para conseguir un único fin : el placer de la mujer. Y, sin entrar en falsas modestias, él pensaba que lo había conseguido. Los inventos no eran sino la mecanización de una habilidad, adquirida por supuesto, que profundizaba en los más íntimos recovecos del sexo femenino. Descubrir los deseos ocultos de sus clientes era la otra cara de una moneda que la hacían, como recién acuñada, irresistible.
Aparato 1 : La rueda.
La rueda era un instrumento travieso y nervioso, no apto para todos los públicos. Requería de clientas avezadas en busca de redescubrir la intensidad de los primeros orgasmos. También de casos medios de anorgásmia, así como ninfomanía en general.
Un timón de barco sobre un bastidor al que se había rematado con cuatro ruedines para su manejo, se ensamblaba a un potro de ginecólogo donde las clientas se abrían de piernas ante él. Cada uno de los asideros del timón estaba rematado con una gruesa pluma de ganso. El timón era dirigido con habilidad por Mario. Primero lentamente, dejando que las plumas recorrieran el vientre de las damas dirigiéndose como en un torbellino sinuoso hacía la entrepierna que se levantaba al sentir los continuos embates plumíferos.
Aparato 2 : La fuente.
La fuente era un ingenio hidráulico a base de tuberías que, de forma estudiada, disminuían su diámetro progresivamente hasta acabar en cuatro chorros finísimos, por los que salía el agua a una presión regulable a voluntad, de manera sencilla, con sólo abrir y cerrar el grifo que alimentaba a la primera tubería.
Sentadas en un asiento hueco las damas se posicionaban aleccionadas por Mario, un pequeño bastidor el final de las tuberías situado inmediatamente debajo del asiento, sujetaba los chorritos que lanzaban pelos de agua.
La variabilidad en la velocidad de los chorritos hacían indicado el invento para toda clase de públicos.
Aparato 3 : el pedal
El pedal eran palabras mayores. Sólo apto para mujeres con parto normal y a ser posible, más de uno. Y es que el tamaño importa.
Mario aprendió eso en los inicios de su carrera.
El pedal era un sistema de poleas que acababa en un pedal que la usuaria, es decir la corredora, accionaba a voluntad manejando un enorme consolador convenientemente apuntado.
Definamos enorme : Muy grande. Y negro.
Vale.
Abstenerse vírgenes.
La alcaldesa de Llanes decidió ir a investigar. Por el bien del pueblo.
Ágata, se dirigió hacia el campamento del masturbador con más curiosidad que otra cosa. Bueno , sí. Era un hombre, y hacía mucho tiempo que no veía ninguno. Doce meses.
Ágata tenía un cuerpo menudo pero bien formado, tetas de serranía, caderas de paridora, y ansia de hortelana. De falda fácil, que se decía.
- Buenas tardes , soy la alcaldesa del pueblo de Llanes me llamo Ágata- tendió la mano- y vengo a averiguar lo que vende. ¡Esto que es!- señalaba el pedal- pero si parece..
- Una polla. Una enorme y negra polla.- Mario tenía las manos hacia atrás y miraba por encima de sus lentes que le caían sobre la nariz- Sí.
- ¿Y aquello?- dijo señalando a la rueda- ¿para qué sirven las plumas?
- Si quiere.., le hago una demostración.
(continuará)..
2008.07.27

En el gris de la tarde de un domingo
el poeta peina vientos en un folio en blanco
en una tarde que haciendo calor, hace frío
el mundo se le reduce a un papel, una pluma y un banco.
Y va despidiendo la tarde de domingo
en un día que ya se muere
llevándose consigo
la promesa que quizás, ella le espere.
Escribe por no vivir lo que vive
Y que sin vivirlo, lo siente vivido
apunta anotaciones al margen
de cosas que existen
y que jamás han existido.
Dicen que el poeta, un domingo
abandona la tarde siempre rendido
en una soledad serena
en un banco, haciendo calor y sintiendo el frío.
2008.07.27
Existen – casi siempre- dos soluciones válidas para un mismo problema, a veces hay más, pero con dos es suficiente. No tiene sentido pasarse la vida buscando soluciones, es mucho más rápido – ¡donde va a parar!- solucionar.
Por ejemplo, los calzoncillos.
Si se te acaban los calzoncillos de ese cajón milagroso, hay dos soluciones – ¿veis?, os lo dije- una, poner la lavadora,
dos, no ponerte calzoncillos.
Después están las consecuencias, claro. Si escoges la segunda, tendrás que lavar los pantalones..a la larga.
Pero…¿qué es más fácil, lavar pantalones, o lavar calzoncillos?
Hay diversas teorías.
Pero yo creo, que como- a la larga- tendrás que lavar los pantalones, pues mejor no me pongo los calzoncillos. Total, estamos en verano. Y eso influye.
…
Otra cuestión es la lista de la compra :
Gazpacho
Cerveza
Regaliz
Avellanas, tostadas (con o sin piel).
Donuts
Chocolate
Y ahí se me queda la mente en blanco.
…
Las tareas de la casa las llevo sin problemas, y es que es cuestión de organización y disciplina. Todos los días hago la cama.
…
2008.07.23
Recuerdo que fue una tarde aburrida y que era viernes por la noche. Siempre suelo ir al cine los viernes por la noche, pero ese día no pasaban nada que me llamara la atención, se ve que mi ánimo estaba caprichoso. Me puse a beber-solo- en una barra gobernada por una diosa de grandes tetas y movimientos libidinosos.
Cuando bajé del taburete me di cuenta de lo borracho que estaba, y es que, tras bajar los escasos 20 centímetros hasta el suelo, fui dando tropiezos hasta la zona de mesas donde me caí dando un espectáculo bochornoso.
Decidí irme al hotel a dormir.
Atravesar la puerta giratoria del hotel supuso un problema, cuando creía que estaba el hueco para salir siempre estaba el cristal contra el que me topaba. Al final me empujé a mi mismo y entre a tropel en el vestíbulo con tanta energía que me estrellé contra el mostrador de recepción.
Me di la vuelta y me quedé sentado.
La cabeza de la recepcionista me miró asomada al mostrador.
- Hola – farfullé- me da la…llave- en ese momento me di cuenta que no recordaba el número, le di mi nombre.
Me apoyé en la puerta del ascensor mientras esperaba, la puerta se abrió pillándome desprevenido y me caí dentro. Decidí quedarme sentado, siempre estaba cayéndome. A gatas recorrí el pasillo de la izquierda y calculé – más o menos- la habitación que tenía alquilada. De rodillas intentaba meter el llavín en la cerradura. Pero era imposible.
Pasó una señora con un carrito y yo le dediqué mi mirada más lastimosa y una sonrisa. Surgió efecto, cuando fue a recogerme la llave de la mano se me cayó dentro de la camisa que llevaba medio desabotonada.
- Opps!!! – acerté a decir.
La buena mujer rió sin poder disimular y acto seguido sacó un llavero, escogió una de las llaves y abrió la puerta. Después se marchó empujando su carrito. Aún sonreía.
Me levanté, miré la puerta entornada y me volví a poner de rodillas para entrar. Me desvestí tumbado y me metí en la ducha, me senté y abrí el grifo.
Estuve mucho rato, el agua me caía fría como su puta madre. Pero eso me despejó. Estaba cansado y decidí meterme en la cama sin más dilación.
Entonces tuve un sueño.
Había una mujer en ese sueño, era muy bella. Y no digo guapa, ni bonita, ni que estaba buena. Era bella, como salida de un cuento- mejor..-, como escapada de un cuento. Decía que tenía una historia triste que contarme y que sufría, sufría mucho y lo peor no era eso, lo peor es que llevaba mucho tiempo sufriendo. Eso era lo peor.
Empezó a hablar – …mi padre no quería una niña y siempre me odió, mi madre me odió por que mi padre me odiaba, yo me odié porque era lo que hacía todo el mundo…-, y conforme hablaba me di cuenta que a pesar de llevar toda una vida sufriendo, ella olía a vida, su voz no reflejaba amargura, no había desesperanza en el tono de su voz.
Tenía una elegancia natural que transmitía en cada gesto, en cada movimiento y seguía hablando, te contaba las cosas de forma que era imposible apartar tu atención de ella. Y sus ojos, oscuros, grandes y profundos, te tragaban cuando se detenían en ti.
- Y después está mi maldición – calló un momento esperando la pregunta.
- ¿Qué maldición?.- dije yo al fin.
- Esta.- Sin rubor, se quitó las bragas y abrió las piernas.
- Mujer, eso no es una maldición. Es un coño.
- Espera.- Ante mis ojos empezó a frotarse con cuatro dedos unidos, su concentración en lo que estaba haciendo me excluía de la habitación. Empezó a excitarse, y conforme se iba excitando más y más, gemía doblando la cabeza hacia atrás.- sssolo seeeráá unn momeennnto.
- Tranquila, no hay prisa – la verdad es que aquello era muy entretenido.
Cuando pensaba que se iba a correr, interrumpió la manipulación. Con ambas manos separándose los labios exteriores me mostró una intimidad húmeda. Los dos pulgares empezaron a maniobrar dentro de su vagina rosada.
- Mira esto.
De pronto me fijé, dentro de la vagina una pequeña hendidura hacia asomar lo que parecía una punta afilada. Su color, más intenso que el rosado que lo rodeaba permitía identificarlo. Era el clítoris. Los dedos maniobraron haciendo que saliera completamente.
- ¡Dios mío!- exclamé- pero es..es..ENORME.
- Sí, es mi maldición.
Parecía una espina, con la punta hacia abajo. Pero de una rosa del jurásico. Ella continuó hablando.
- Siempre me mantiene excitada, nunca tengo bastante. Él es insaciable.
Yo estaba sin palabras, no sabía que decirle.
Así que no le dije nada.
A la mañana siguiente me dolía terriblemente la cabeza. -despierto- prefería no abrir los ojos que percibían la claridad del día tras los párpados. Cogí la almohada y me tapé la cara, y empecé a recordar el sueño.
…
Cerré la puerta dispuesto a irme y busqué un cigarrillo, el primero del día, el que mejor sabe..pero no encontré el tabaco. Pensando que se me habría caído cuando me desvestí la noche anterior metí el llavín en la cerradura que se negó a moverse.
Miré el número de la habitación colgado del llavero del hotel, y comprobé que no coincidía con el indicado en el cartelito de la puerta.
Aún hoy – agosto- me pregunto si fue un sueño.
2008.07.22

Cuando paso junto al asfalto tengo la sensación de estar en una tostadora. Si vas, te quemas por un lado, si vienes .., por el otro. Al cruzar las calles lo pisas y sientes como se hunde – ¿te tragará?, – y la suela quema a 50 grados sobre un asfalto humeante y muy, muy caliente.
Hace calor. Y ni una brizna de aire remueve un aire cada vez más caliente que te quema al respirar. Y te hunde bajo su peso cuando intentas huir de él de sombra en sombra.
Y llegas a la bendición del aire acondicionado que te refresca como si te partiera en dos. Aquí no tenerlo es como condenarse a vivir en el ostracismo. O morir asfixiado. O peor.
Son las 10 de la noche y aún hacen 35 grados, no hay moscas, no hay mosquitos..se queman al sol, y por la noche hace demasiado calor y todo está demasiado seco para que las larvas nazcan.
Ayer salió ardiendo una furgoneta en la autovía, yo la vi. Fue del calor, vi sus restos arder.
Decían que estaban ardiendo en el infierno, por sus pecados.
Eso decían.
2008.07.22

Nadie sabe lo que ha perdido hasta que no lo tiene, sólo entonces puede valorarlo midiendo el hueco del vacío que deja.
No hay otra forma.
Después, puedes rellenar el hueco o quedarte mirando para jugar con el eco de tu voz.
2008.07.21

Te siento en el latir de mis venas
en la saliva de mi boca, en la barriga
tocas lo que mi mano toca
despacio, sin prisas
que la ponzoña no tiene hora.
Camina constante, haciendo montones de arena
que junta y junta, hasta que se eleva
y envenena tu sangre
y acaba con tu vida entera.
Es el veneno de la vida
es el aire
Qué se yo..,
Lo único que entiendo
es que alguien me envenenó.
2008.07.19

- ¿Sabes? – Su negra melena le esconde parte de su cara-he de llegar antes de las once y media a casa.
- Pero sirena – Frank la mira despreocupado mientras se pone los pantalones- en los cuentos de princesas todo ocurre a las doce. No temas.
- No, en todos no, ¿tienes un pañuelo?-
Frank tiene las muñecas atadas a una tubería oxidada, su cabeza entre los brazos y bien sentado le dan una postura cómoda, de primera fila. Mira a Ruth. Algo ha sucedido, ella no es ya una niña. Ahora no sabe quién es.
Tiene algo en la mano, juguetea mientras sonríe con los dientes entre la lengua. Se acerca. Es un cordón, lo ha debido quitar de los zapatos. Lo ata alrededor del escroto, aprieta. Me mira.
- ¿No has oído nunca la historia del callejón?- Ruth se sienta a horcajadas sobre el tipo, aún maneja el cordón. Están sobre el suelo. Ruth siente la dureza del hombre y se acopla a ella.- No deberías entrar en los callejones. Nunca- Ruth se levanta y abre las piernas frente a la cara de Frank.
Frank saca la lengua.
Ruth gime dando retortijones, la cuerda atada a los huevos de Frank está tirante, ella parece que sujeta algo que impide que caiga en un abismo del que quizás no pueda volver. Y tira fuerte.
Frank da alaridos de dolor, pero no quiere que pare.
Ruth se detiene y baja los pantalones de Frank, se sienta sobre él y empieza a moverse. Se corre. Una, dos..tres veces. Frank se defiende a mordiscos.
Ella jadea a través de las rejas que su pelo forma en su cara, sus ojos desencajados intentan adivinar el siguiente paso- El hombre está roto, aún sin correrse.
Se despega del hombre.
- No lo olvides. – su lengua surge de pronto y da un largo lametón en la cara de Frank- no vuelvas por los callejones.
“jamás“
2008.07.16
ilustrado por Sandra
Dicen, cuentan, que hubo una vez en que la luna y el sol ocupaban el mismo cielo. Sí, como ahora. Pero en ese tiempo lo hacían a la vez, sol y luna, vivían juntos.
Por ello solo había días, pues el sol brillaba todo el tiempo, y las jornadas eran eternas. La luna pasaba desapercibida y sólo una vez cada 8 años, cuando se interponía entre el sol y la tierra, su sombra mandaba en la tierra oscureciendo el sol, y entonces las gentes descansaban.
Dicen, cuentan, que ocurrió que el sol se enamoró de una campesina que nació un año de fuertes lluvias e inundaciones. El sol, a partir del instante de su nacimiento, brillaba sólo para ella acompañándola en todo momento.
Dicen, cuentan, que esa niña creció y se hizo mujer, y jamás le faltó el sol. De forma que aunque lloviera, siempre había un claro por donde los rayos se colaban y la acariciaban, siempre…, menos una vez cada 8 años.
Dicen, cuentan, que su piel empezó a avejentarse de forma prematura, que sus ojos perdieron visión encandilados permanentemente y que su pelo se volvió frágil y quebradizo.
Dicen, cuentan, que una noche de sombras de luna, la mujer habló con ella y le contó su amor por el sol, que siempre la acompañaba y que nunca la dejaba sola, y que aunque comprendía que su vida se acabaría antes de tiempo por ese motivo, prefería vivir amada.
Dicen, cuentan, que la luna se lo dijo al sol
Y dicen,
Cuentan,
que desde ese día, el sol se esconde para dejar descansar a su amada.
Dicen,
Cuentan,
que la primera noche, al ver el efecto de la luna sola en el cielo, la campesina se enamoró de ella.
Y dicen que desde entonces la campesina solo vive las noches, para estar junto a su amada.
Y cuentan que el sol no hace más que dar vueltas a la tierra.
Buscándola.
Eso dicen.
Eso cuentan.
2008.07.16

Ruth pasó de puntillas junto al hombre y, sin mirarlo siquiera, murmuró algo parecido a un saludo, miró la escalera para salir a la calle – un torrente caía peldaño a peldaño- había un enorme y creciente charco visiblemente profundo frente a las escaleras. Eso la detuvo.
- En mi tierra, los ríos son más pequeños que esto -dijo el individuo , que se llamaba Frank Corsino -.
Se volvió hacía ella. Ruth parecía recién salida de la ducha pero con ropa, aterida de frio, cruzaba los brazos bajo los sobacos en una mueca algo exagerada, su rostro reflejaba tensión.
- ..!!Se ..se puede subir por ahí?!!..!..- no era una pregunta sino más bien un ruego.
Él la miró, y decidió ayudarla. Y en ese microsegundo que tardó en decidir, Ruth saltó hacía las escaleras levantando olas y hundiéndose hasta las rodillas. Cuando llegó a las escaleras se dejó caer de rodillas, el agua le caía desde lo alto.
- Te vas a mojar sirena. Eso, si sobrevives- Frank Corsino se incorporó- será mejor que esperes a que amaine. Nada puede ser tan importante,..¿no te parece?.
Ella le prestó atención y se quedó pensando.
“jamás”
Al subir el primer escalón uno de sus botines – el izquierdo- resbaló, su pierna se hundió y tras ella su cuerpo. Golpeó con la cabeza la única barandilla adosada a la pared de la escalera, una inútil barandilla de hierro forjado.
Frank se quitó la ropa, se metió en el charco y cogió a la chica en brazos. Después se dirigió a la zona seca y desvistió a Ruth – sus ropas pesaban a causa del agua empapada- y le puso una chaqueta que abotonó hasta el cuello y los zapatos.
Ruth se dejaba hacer vencida – ¿qué hora es?- preguntó.
- Pues son las 23 : 14. Aquí y en el resto de España.
- Ah! .
Ruth decidió entonces que no podía volver por sus pasos e intentar otro camino. Le dolía la rodilla y estaba mareada del golpe en la cabeza. Necesitaba a alguien que la cuidara. Como ese hombre.- Me he puesto chorreando- dijo levantándose. Pero gracias por lo de la ropa, ahora no siento tanto frio.
Ruth, ya de pié, sigue hablando mientras se quita las mojadas bragas dejándolas caer por sus ahora desnudas piernas.
- Estoy mojada.
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