La caja de zapatos. I
Posted by Charlie on Julio 1st, 2008 filed in relatosÉsta es una historia que parecerá increíble, sin duda, y tengo la esperanza de que nadie la crea. Pero si me preguntan bajo tortura - por ejemplo, si me ponen la cabeza bajo una gotera sujeta con una argolla de forma que me impida cualquier movimiento y me dejan abandonado digamos tres días hasta que la gota de la gotera me haga un chichón- entonces juraré que es cierto, y es que eso debe ser insoportable.
Estaría justificado.
Todo empezó en una prometedora noche de guardia en un cuartel perdido de Melilla, entonces el ejército era cosa de hombres y ya se sabe lo que ocurre cuando solo hay hombres por medio, el porno se convierte en una religión.
Bien.
Pues estaba yo preparado para, como oficial de guardia, proteger a nuestro cuartel de invasiones musulmanas y deserciones no deseadas con la ayuda de ” morenas guarras y rubias cachondas” a la espera que su majestad el coronel se fuera donde se fuesen los coroneles que debía de ser a un sitio semicelestial. Ello ocurrió pasada la media noche y cuando, tras la novedades oportunas - que siempre eran “sin novedad”- el semidiós desapareció, enchufé el VHS, ajusté el aire acondicionado y me preparé para cumplir con el deber asignado.
Los títulos de crédito de una buena porno es siempre algo emocionante, la música de la banda sonora estalla en tu intestino, y la aparición de las chicas dan ganas de aplaudir - cosa que no hice por guardar un cierto decoro con mi gran responsabilidad cuartelaria- pero es muy parecido a cuando sale el toro por los toriles y el torero - léase yo - está a puerta gayola esperándolo sin miedo a los pitones. Emocionante.
Entonces sonó el teléfono del cuerpo de guardia. El blanco. El gris era para las invasiones.
- ¿Si? - mi tono, claro, era de sumo disgusto- ¡!¿qué coño pasa?!!.
- Mi alférez, perdone, pero tiene una llamada de teléfono.
- ¿De quién?
- Espere un momento. - Risas, ..más risas. Yo apreté la pausa del mando a distancia- Mi alférez dice que es personal.
- ¿Personal? - la excusa perfecta- ¡A ver cabo!, tú sabes que estamos de guardia, ¿no?
- Sí mi alférez.
- Pues no se reciben llamadas personales cuando uno está de guardia- una duda cruzó por mi mente- ¿Es mi madre?.
- No creo mi alférez.
- Pues si no es mi madre,..! no se reciben llamadas personales!. ¡!¿Entendido?!!
- Sí mi alférez.
- ¡Pues ya está! - Y colgué pensando que efectivamente éramos el ejército de Pancho Villa- Le di al play.
La película empezaba con una pareja paseando de la mano en una calle solitaria, la mujer lleva un abrigo largo de cuero hasta los tobillos anudado a la cintura que le hace un talle de avispa, se contonea, zapatos de tacón negros y lisos, medias de rejilla que deja ver por la abertura inferior del abrigo, pulsera a juego con la gargantilla, de oro, diría. Felpa negra en su melena rubia, reloj analógico en la diestra.
El tío va normal.
En una pared de ladrillo visto el hombre empuja a la mujer- que de la sorpresa queda con las piernas abiertas- la sujeta con ambas manos el culo y la besa apasionadamente. Separa su mano izquierda del culo y desata el abrigo - Oh!, el sujetador hace juego con las medias, pero es demasiado pequeño y sus pezones asoman hasta la mitad - el hombre se aprieta contra ella, le besa el cuello y empieza a escurrirse hacia abajo, se arrodilla..
El teléfono. El blanco de nuevo.
- ¡Joder cabo! - aprieto la pausa, la mujer queda con la boca abierta, el tío también- ¡Qué pasa ahora!.
- Mi alférez disculpe, pero insiste en hablar con usted. Es muy testaruda.
- ¿Testaruda?- Repasé rápidamente con la cabeza buscando una pista en mi memoria. Nada- ¿Pero qué es lo que quiere cabo?.
- Hablar con usted, mi alférez.
Miré a la chica apoyada en la pared y suspiré.
- ¡Pásamela, y como se te ocurra quedarte escuchando te pongo a dar vueltas al cuartel hasta que amanezca!
- A sus órdenes mi alférez - me encantaba eso.
Me ajusté los pantalones y me puse la gorra decidido a acabar cuanto antes. Tras unos segundos una voz sonó al otro lado del auricular.
- Hola - era una voz sensual en un tono apenas audible, mujer joven, con acento extranjero.
- Hola, ¿Quién es?
- ¿Eres el oficial de guardia?- Su voz, lenta y segura, me atrapaba.
- Pues sí. - Yo alzaba la mía, como para compensar.
- ¿Estás solo?
- Pues sí - Ui, Ui, Ui..- ¿pero me quieres decir quién eres, te conozco?
- No, no creo - pausa - Me llamo Soraya. Tengo 19 años. ¿Cómo te llamas tú?
- Eso es secreto militar Soraya.- Se me había olvidado la chica apoyada en la pared- Pero me puedes llamar Juan Antonio, es un alias.-
- Juan Antonio, tienes una voz muy bonita..
A esas alturas me había hecho a la idea que la tal Soraya se estaba quedando conmigo, me preguntaba con cuántos oficiales de guardia se había quedado hasta la fecha. Sin embargo la cadencia con la que hablaba, lo cálido de su voz y mi curiosidad terminaron por engancharme. Sabía positivamente que el cuerpo de guardia estaría comiendo pipas como en un serial radiofónico pendiente de nuestras palabras.
Pero yo tengo muy poca vergüenza.
Y además un pico de oro.
Pero lo que si os confieso, es que en esos momentos jamás hubiera imaginado donde acabaría ese juego..
(continuará)


Julio 2nd, 2008 at 8:44
Cada uno con sus fantasías…jajaja
Feliz despertar el mío, hermano.
Vamos, produce, que la tal Soraya aguanta lo que le echen, pero ese Juan Antonio…me parece que se va a poner nervioso.
Bss
Julio 2nd, 2008 at 9:19
Se me ha hecho corto eh, aquí expectante ante la continuación jeje. Un besito, buen día.
Julio 3rd, 2008 at 19:36
(oye, que pensaba yo… La gotera en la cabeza… ¿lo que hace no es una herida?)
Venga.
A por esa caja de zapatos.
Julio 3rd, 2008 at 21:26
M. Pero mira que eres mala. Ya me estás incitando.., mirame a los ojos hermanita..vamos a ver eso de los nervios.
A. mmmm..tu cuantos años tenías?..mira que toy avisando.
S. No, lo que hace una herida es un hacha, la gotera hace un chichon (el primo del anis)..voy,voy..toy calentando..es necesario.