El enano
Posted by Charlie on Julio 11th, 2008 filed in relatos
Estaba desnudo, tenía 12 años. Y estaba muy asustado.
Su ropa la había dejado doblada cuidadosamente sobre el suelo, no quería más palizas.
-Sal, enano!! - echó a andar delante de los soldados. Se dirigieron a un apartado edificio color blanco, donde dos cruces engalanaban la fachada, una era roja, la otra era gamada.
Entraron, se dirigieron a una de las salas donde había una mesa de quirófano. Uno de los soldados se quedó fuera, el otro entró con él.
Esperaron.
Hacía frío, pero él no lo sentía. Sólo sentía miedo, sin atreverse a mirar directamente observó la palangana donde esperaban pacientemente instrumentos, afilados.
Cuando llegó el capitán médico, el soldado se cuadró. El oficial lo ignoró, limitándose a balbucear “descanse”, después observó como se concentraba en él.
Túmbate. Una enfermera que salió de la nada, le ajustó cinchas metálicas en muñecas y tobillos. El se orinó encima.
El “doctor”, le hizo un torniquete a la altura del muslo y apretó. El dolor que sintió le hizo gritar, la enfermera le sujetó la cabeza. -”cierra los ojos”- le susurró.
”Te voy a cortar la pierna, después te alargaré el hueso con un implante de fémur de un primate, serán 15 centímetros más. Te voy a alargar venas y arterias con injertos de cerdo, la piel terminará por envolverlo todo. Tenemos el problema de los músculos, pero no te preocupes por eso.”
”Mañana haremos la otra pierna”
”Y pasado empezaremos con los brazos”
El capitán cogió la sierra, lo miró sin expresión y dijo “esto te va a doler”.
Era la enésima vez que contaba esa historia, en la plaza del pueblo los niños y mayores se apiñaban alrededor de él. Todos callaban, estaba acostumbrado. En éste punto del relato siempre hacía una pausa, y descubría la vieja manta raida que le tapaba la única pierna que tenia. El muñón tenía un aspecto horroroso, tremendas cicatrices negras remataban la extremidad.
” ¿Y que pasó?”- preguntó un adulto.
Pasó que al día siguiente, el doctor no acudió. Murió esa noche de forma repentina. Después vinieron los aliados.
El alivio del público se hizo sentir, y las monedas fueron cayendo sobre la manta que había dejado sobre el suelo.
Tres años antes.
Ella parecía impasible, observaba como el carnicero nazi cortaba la pierna del muchacho, pero lloraba por dentro. Su supervivencia era fundamental sus 3 hijos la necesitaban, pero no pasaba un día que rezara por que aquellos desalmados perdieran de una vez la guerra.
”Dame un vaso de ginebra, el cabrón éste tiene los huesos apretados”- El enano había perdido el conocimiento hace rato, ella se acercó al mueble bar y cogió una botella de ginebra, y una papelina de estricnina que escondía en su sujetador para ella misma. La guardaba, por si acaso. Vertió su contenido en el vaso.


Julio 11th, 2008 at 8:43
Joer, ya lo había leido, pero aún así impresiona. Cabrón de médico
Julio 11th, 2008 at 12:51
Qué no se olvide nunca lo que las personas somos capaces de hacer cuando se tiene un poder que no debe tener nadie. A mí tambien me has puesto mala, ainsss. Un besito.
Julio 11th, 2008 at 13:13
Enanos… no sé si decir, un placer volver a leerlo.. porque se remueven las tripas. Pero si. Lo es.
Julio 13th, 2008 at 11:04
La sangre y los huesos destrozados siempre son fuertes, ya sea que se hayan vivido a través de los demás o en uno mismo.
Julio 13th, 2008 at 17:58
Si, vale. Está bien. Es bueno. Pero la fotito sigue siendo asquerosa.