Barrio Infierno. Así son las cosas.
Sobre el tapete verde la mesa hay cinco cartas, tres están descubiertas y dos bocabajo. Miro de nuevo mis tres cartas por si han cambiado. No.
Observo el reloj que fija sus agujas en la madrugada. De camino a la mesa mi único ojo se detiene en el calendario que está debajo del reloj, es día 5 – día de cobro, claro -, el mismo que mes tras mes fija mi visita al Whales Tabern. A veces puedo ir el día 6, pero pocas. Mi suerte apenas da para un día.
Envido con dos fichas de 20 y se cubre la apuesta, somos cinco en una mesa donde la compasión no existe, las emociones se ocultan tras miradas neutras y los jugadores solo hablan con las putas que se acercan a servir bebidas con escotes que sirven de monederos para fichas de 5 y 10 que, religiosamente, les son depositadas por el breve servicio.
La noche se me acaba con la vuelta de la última carta, no hay suerte, lo normal. Frente a mí una única ficha de 20 parece una isla desierta en medio de un mar verde, no es suficiente para seguir jugando. Apuro mi cuarto vaso de un trago y dejo el sitio que es rápidamente ocupado, Mi ficha y yo nos vamos a la barra donde nos preguntamos qué hacer. No hay muchas alternativas, en el Whales Tabern se puede jugar, beber y follar. Y yo ya he jugado y bebido.
Una chica morena y bajita se me acerca, tiene unas tetas que se disparan al techo y me pregunto si no habrá truco.
- Hola vaquero, ¿me invitas a un trago?.
- Si te invito a un trago no podré follar contigo sirena – tetas disparadas se me queda mirando ponderando la situación, me inspecciona de arriba abajo y da un vistazo a su reloj de muñeca, parece que no acaba de decidirse- Follo de escándalo, tú verás .
- Pues búscate novia vaquero, seguro que ella lo apreciará – creo que no la he impresionado- ¿Cuánto tienes guapo? Por veinte te hago una mamada, por treinta -además – puedes meter tu cosita en mi agujero y por cuarenta te volveré loco con mi culo.
Pactamos la mamada y cobra por adelantado, mi única ficha desaparece en algún rincón de su anatomía y nos dirigimos por las escaleras hacia la planta de arriba. La dejo pasar primero para verle el culo e ir animándome, me acerco mucho a ella – tiene un culo espléndido – y conforme sube los escalones se me va poniendo más y más dura. Gira a la izquierda y saca una llave de un diminuto bolso púrpura. Entramos y sin perder tiempo se quita el vestido con una rapidez que me deja asombrado.
- ¿Te quedas de pié o prefieres tumbarte cariño?
- Me sentaré, gracias.
- Como quieras – sin perder tiempo se arrodilla ante mí y me desabrocha los pantalones, sin bajármelos abre la entrepierna y me saca la polla – ¡Guau! vaquero, me parece que he cobrado barato, ¿eh?.
- No lo sabes tú bien.
Empieza a agitarla con la mano – lo hace bien – me aprieta mucho y la sangre va llenando los vasos sanguíneos hasta que consigue una erección apreciable, lame el tronco de la verga para que sus dedos se deslicen con suavidad y me mira lascivamente – quiero que te corras en mi cara vaquero – sigue meneándomela con un movimiento acompasado, no lo hace deprisa se limita a alargar el movimiento de forma que toda mi polla siente la presión de sus manos, observa mis reacciones ,desde luego es una verdadera profesional – ¿quieres que me la coma vaquero?-. No espera mi respuesta y se la empieza a comer literalmente, mi polla amenaza con desaparecer en su garganta y llega un momento que sólo mis pelotas quedan a la vista, pero aún conservo el control, me gusta y quiero que siga, así que le agarro la larga melena y le presiono la cabeza hasta provocarle una arcada, tiro de ella y se queda con la boca abierta. Babea y su saliva me chorrea el bajo vientre, eso me excita y hago que vuelva a la carga. Pero ella protesta y me aparta de un manotazo la mano.
Entonces empieza a pegar voces mientras se levanta y se separa de mí, llama a un tal Archie repitiendo constantemente su nombre.
Un enorme gordo irrumpe en la habitación abriendo la puerta de una patada.
- ¡!Tú!! – es a mí, claramente- puedes elegir, puedes irte ahora o no irte nunca.
De camino a casa las luces del Whales Tabern desaparecen en el retrovisor de mi destartalado auto, en el asiento del conductor va mi mala suerte que me acompaña fiel. A pesar de no tener ni un pavo y los huevos llenos de semen hasta dolerme no ha sido una mala noche, las ha habido peores.
Pero así son las cosas.








