
Después de pensarlo mucho, detenidamente y de forma reflexiva he llegado a la conclusión que mi teoría de los charcos (o como empezar un mal dia con garantías) es errónea. Y como rectificar es de sabios..pos eso.
Efectuemos.
La cosa empezó un mañana ideal para deportes de invierno, en concreto esquí sobre ruedas. Con una pericia asombrosa logré apuntar y acertar a la bola de remolque de un todo terreno sobre una nieve en polvo dura como la cabeza de una mula. Cinco puntos sin dudarlo. Contento me bajé del coche y admiré mi obra – después- cogí el teléfono y llamé a la grúa.
- Lo he conseguido, pueden venir a por el coche.
- Enhorabuena, sabíamos que su constancia daría frutos.
- Gracias, gracias..sus palabras me llenan de emoción sincera.
Ya en el taller empezó una odisea acerca de un nuevo elemento partícipe en ésta España nuestra. Algo tan atractivo como las rebajas en Enero, el llamado “coche de cortesía”. Impresionante.
- Taller a recepción. Necesitamos un coche de cortesía para un cliente, es urgente e inevitable. Y no, no admito un NO como respuesta.
- Recepción a taller : No hay ninguno.
- Taller a recepción : ¡!¿Cómo que no?!!. ¿Y el de la prima segunda de Aurelio?.
- Recepción a Taller : Lo tiene Aurelio.
- Taller a recepción : Bueno, pues coges a Aurelio, lo empujas por las escaleras que hay en el rellano de recambios, empújalo hacia la derecha que no hay pasamanos, procura que se parta la pierna izquierda (la del embrague)…ya voy llamando yo a la ambulancia.
- Recepción a taller : Dile a la ambulancia que no entre por detrás, la puerta se descolgó y atrapó a un coche. Los bomberos están intentando sacarlo.
- Taller a recepción : Ok, le digo que vaya a ventas, abrid la entrada y arrastrad a Aurelio hasta allí.
- Recepción a Taller. Entendido.
Dos horas más tarde la ambulancia aullaba subiendo la carretera del polígono a toda velocidad con una fractura abierta del pié derecho (el del acelerador) del pobre Aurelio. Al mismo tiempo – pero en otro lugar – se me hacía entrega de un flamante vehículo de cortesía.
Se desconoce el estado de la puerta de atrás.
Y aquí me tenéis, fascinado con esa nueva botonera del tablier de instrumentos del coche de cortesía que parece la cabina de un Concorde antes de salir ardiendo. ¡!Cuántos botones nuevos!!, ¡!cuánto por explorar!!. La vida está llena de sinsabores- sin duda- pero ¿qué es eso ante la nueva experiencia de un flamante coche de cortesía?.
Ya devuelta, espatarrado en una nueva dimensión que cabe entre el asiento y el volante, con una anchura sin límites y satisfacción inaudita miro por el enorme espejo retrovisor de mi flamante coche de cortesía y veo..humo.
¿Humo?.
Soy un optimista empedernido, por lo que pienso que es una característica de los coches de cortesía, así que sigo silbando en la esperanza de conocer nuevas cosas que enriquezcan mi experiencia sobre esta vida que me ha tocado vivir.
De reojillo, vuelvo a mirar por el espejo.
Joer!..!!cuánto humo!!.
Decido parar.
Paro, de hecho.
En una genuflexión a dos manos sobre el frío asfalto miro debajo del motor.
Fuego.
Ah!..claro, de ahí el humo – pienso yo -. Siempre fui bueno en lo de los acertijos. Recordando amigos, saco mi móvil y compruebo que no hay cobertura. No importa.
- 061, ¿dígame?
- Hay un coche ardiendo en la carretera, se quema. Socorro.
- Señor, esto es emergencias sanitarias, llame usted al 112. Que tenga un buen día.
(sin comentarios)
Llamo al 112, me cuelgan. Llamo de nuevo, me cuelgan de nuevo. De pronto un camión aparece en escena, me pongo delante haciendo aspavientos con las manos.
- Un extintor!!…un extintor!!!.
- Tengo uno!! – dice el camionero parando el camión ,bajando la ventanilla, hablándome y echándose las manos a la cabeza.
- Rápido, rápido.
El camionero baja con un enorme extintor rojo, lo arrastra pesadamente y se dirige hacía mí.
- ¡!No, a mi no!!! – apunto con ambas manos a una nube de humo blanco que ha hecho desaparecer de nuestra vista al flamante coche de cortesía- ¡!Al coche!!!…!!APUNTE AL COCHE!!!.
El camionero apunta al coche y aprieta la palanca del extintor….y nada. No sale nada.
- ¡!Está vacío!!.
Presa de la desesperación controlada me lanzó fuera de la carretera hacia una alameda que linda con la carretera. Veo un riachuelo. Le grito al camionero.
- ¡!Un cubo vació ¡!..!!un cubo vacío!!
El camionero suelta el extintor, da una vuelta de 180 grados, se dirige a la cabina, se mete…se queda metido mientras salen por detrás de su cabeza pantalones, revistas porno y una llave del 15…
- ¡!no tengo!!!…!!!no tengo!!!
Me quito un zapato y voy al riachuelo, lo lleno, me dirijo al coche de cortesía y lo vacío sobre unas enormes llamaradas que salen del capot.
El agua hace..pss
Me vuelvo al riachuelo, lleno de nuevo el zapato y repito la operación, con igual resultado. Me doy cuenta de…en fin, me doy cuenta. Me vuelvo al camionero.
- ¿!!Qué número calza usted!!?
- El 42.
- Coño!..no sirve. Necesitamos al menos un 54!!.
En éstas aparece la Guardia Civil de tráfico.
- Buenos dias.
- Hola agente- le miro disimuladamente el zapato.
- ¿Qué ocurre aquí?
- Bueno..es largo de explicar. Perdone, ¿no tendría usted un extintor? – el Guardia se hace con la situación en ese momento – hay que llamar a los bomberos.
- No hay cobertura – digo yo – es inútil.
- Desde la emisora sí.
GGCC a bomberos : Un coche arde, hay peligro de incendio por una arboleda cercana, se puede extender al monte, y al otro lado hay un hospicio de niños huérfanos. Acudan..acudannn!!!
Bomberos a GGCC : Bueno, no parece tan grave. Ahora mismo no tenemos camiones, pero en el momento que nos arreglen uno lo mando para allá.
GGCC a mi : Ya vienen.
El coche de cortesía arde por los cuatro costados, cuatro horas más tarde estamos el camionero, el guardia y yo mismo en una agradable tertulia alrededor de la hoguera que nos calienta en esta fría mañana de diciembre.
Llegan los bomberos y despliegan sus efectivos, cascos, mascarillas de gas, mangueras…y se dirigen hacía un amasijo de hierros calcinados cubriéndolo de espuma. Después, tan rápido como han venido, recogen y se largan.
Guardia: Bueno, pues misión cumplida. Circulen.
Camionero : ¿Le llevo? – dice dirigiéndose a mi – si quiere en la gasolinera puede llamar a un taxi, allí hay cobertura.
Yo : Gracias.
Indudablemente, hay mañanas que no es necesario pisar charcos.
Yo estaba equivocado.