zapatos

2009.01.25

 

No traje zapatos con los que andar,

ni abrigo que me guardase

no pedí tampoco nacer

pues a ello me obligaron,

y a fuerza de existir, aprendí

lo poco que he enseñado.

 

La vida no tiene sentido, más que crear otra vida

por eso fornicamos..

y por eso las tías tienen las tetas delante.

 

La muerte es necesaria para que vivan los sepultureros,

y los marmolistas, y los de las flores

y los que hacen trajes y vestidos negros.

 

El amor es una reacción neuronal,

que busca una corrida con justificación.

 

La suerte es un punto de vista,

por mucho que digan los de la ONCE.

 

El sexo es lo que mueve montañas,

y no Mahoma.

 

Somos una casualidad en el Universo,

y no importa de donde venimos

e ir

pues vamos

que ya es mucho.

 

Y eso es lo que aprendí,

hasta la fecha.

Todo lo demás se me olvidó,

las integrales, el renacimiento, los anélidos, el latín…

 

Sé que mañana empezaré a vivir,

pues mi ayer se rompió en pedazos.

Por tanto mañana estrenaré,

un nuevo día

un abrigo

y unos zapatos.

 

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=mD7IJQ7fDKo&feature=related[/youtube]

Categories : Flashes

Arbol sin sombra

2009.01.23

Ante la cama que me acoge vacía,

me uno en un abrazo de mis brazos

pensando como la noche me muere el día

y en él se quedan rotos, mis pedazos.

 

Me sujeto con alfileres a la ropa de mis sueños

y a veces no es bastante,

entonces hago caso omiso en lo que no creo

y rezo para tirar hacia delante.

 

Cuido en alguna parte lo que es sincero

tratando de que sobreviva a mi engaño

y dejo aparte al mundo entero

cuando se trata de juzgar a mis actos.

 

Prometo escudarme en lo que sea

si así consigo no hacerte daño

y ya pagaré con mi vida entera

lo que es alejarme de tu lado.

 

No es el fin lo que asoma en el presente

si  no el principio de un camino ya pisado

es el alma quien recorre esta suerte

buena o mala, veremos..cuando haya terminado.

 

 

En un bosque un árbol no es nadie,

y su sombra se acaba ignorando

esa, que mi soledad desea

esa, que abriga mi llanto.

Categories : poesia

calcetines

2009.01.22

Llevo toda una semana

con los mismos calcetines

a los que cuido como a un hijo,

El izquierdo se llama Antonio,

y es el más sucio.

El derecho Nicolás, como su abuelo

que era otro calcetín.

Tengo una cama tan grande

que es imposible hacerla.

Y subo arriba a dormir,

como los marqueses.

Tengo el record de cocina rápida

4 minutos en hacer dos platos,

sándwich de Mousaka con verduras

y cacahuetes.

Y tengo un cubo de basura enorme

hace días que no lo vacío,

es guay.

Veo la tele, y empiezo a plantearme leer un libro

y bueno…

os echo de menos.

Categories : Flashes

carta de ajuste

2009.01.11

 

Camino a dos metros de mí, sin poder alcanzarme. Subo la cuesta tras mis propios pasos hasta que aterrizo en cualquier bar, con cualquier excusa. La barra está habitada por seres sencillos que hablan de sencillas cosas, el tabaco que nos mata, el fútbol que nos entretiene, la vida que es cara, o cuando nos venga la muerte.

Hago mi isla rodeado de un acogedor periódico por todas partes.

Y desaparezco de la faz de la tierra.

Tras la puerta empieza de nuevo el silencio, un combate de NO señales, de NO gestos y palabras vacías que se empeñan en sostener la normalidad que- sin embargo – se despeña irremediablemente en ausencias, fintas y monosílabos.

Ahora solo queda el cuerpo.

Entended.

Mi abuelo respiraba con dificultad y de forma muy sonora, cada inspiración le sonaba y estremecía metiéndole a la fuerza una vida como un corcho a una botella empezada, se aferraba a la vida en cada bocanada que amenazaba con ser la última. Sentado en un sillón, asistía en platea a la extinción. Al no más.

Y llegó la última, después simplemente no hubo más.

Me levanté y lo miré. Tenía la boca abierta, los ojos abiertos. Yo pensaba que en realidad, apenas a unos segundos de esa última bocanada, aún estaba vivo. Su cerebro vivía. Seguramente me estaría mirando con esos ojos sin vida y pensaría algo como – ayúdame, me ahogo, no puedo respirar – pero no podía hacer nada.

 Dejé pasar los minutos encerrado en esa habitación con él. Miré el reloj.

A los diez minutos su cerebro debía haber muerto ya por la falta de oxigeno. Le cerré los ojos y quedó como durmiendo. Ahora solo existía el cuerpo, la cáscara. Lo sabía. Pero era muy parecido a once minutos antes, cuando aún vivía. La única diferencia es que yo sabía que estaba muerto.

Ahora solo queda el cuerpo.

La televisión, la mesa, la lámpara, la bombilla fundida del fondo del pasillo. Siendo lo mismo, no es lo mismo. Sólo es el cuerpo. El alma no está. Ya no me hablan mis cosas.

Ahora solo se despiden.

Categories : Flashes

Barrio Infierno. Cuento de navidad

2009.01.03

Jack está loco pero él aún no lo sabe, el ser humano es el único animal que es capaz de encontrar razones que justifiquen cualquier acto. Jack vio como su mujer se consumía en manos del alcohol, la pequeña y dulce Samantha. Ella escondía su alcohol entre botellas de lejía y desinfectante- y él la dejaba, por amor-, pronto se acostumbró a comer filetes endulzados con azúcar glas, a vestirse con camisas quemadas, a tropezar en el pasillo con la basura olvidada, pero es que él la quería. Samantha se consumió sentada sobre sueños imposibles en el sofá de tres plazas de su salón, con una camisa sucia sobre sus pechos de adolescente y unas braguitas de encaje.

La pequeña Dora no tiene suerte, su madre tiene tuberculosis y ha de estar acostada en una habitación que cuesta cinco dólares la noche. El “jefe” – como ella le llama-le ha hablado  esta tarde.

  • - Si haces lo que hacía tu madre podréis quedaros. Si no, os quiero mañana en la calle.

Dora se pregunta qué es lo que hacía su madre en la habitación cuando subía con los clientes y la mandaba abajo, al bar. A Dora le gusta ponerse al fondo de la barra, bajo el perchero. Los largos gabanes vuelcan su sombra en esa esquina y puede observar sin ser vista. Juega a un curioso juego. Ella adivina las vidas de los bebedores que se sientan solos a olvidar y perderse del mundo.

“Como el negro de la gabardina, que engaña a todo su pueblo con cartas mensuales que manda a África contándoles que necesita dinero para llegar a alcalde de Pennsylvania y que cuando lo consiga, regalará casas y trabajo a todos los de la tribu. E incluso podrán volar en un avión que él les enviará para el gran viaje. Sólo necesita un poco más de dinero. Y otra copa”

“O el tipo de la camisa quemada, que busca a su hija desde hace siete largos años por todos los bares del barrio y aún no la ha encontrado. No la encuentra porque no coinciden, siempre que pregunta por ella a los barman obtiene la misma respuesta – acaba de marcharse -y entonces se toma una copa que le de fuerzas para ir al siguiente tugurio.”

Jack va pasando por las mesas vertiendo veneno en las copas momentáneamente olvidadas de los clientes. Algunos están tan borrachos que puede escanciar el mortal líquido delante de sus narices y aún así lo tragan. Es un poderoso veneno, actúa en pocos minutos mandando fiambres al cielo a una velocidad vertiginosa.  No se debe beber.

“El jefe” hace tratos en la trastienda. Se ha corrido la voz de que tiene una virgen en el club y eso vale mucho dinero. Una virgen se puede vender muchas veces, el dicho de que siempre hay una primera vez para todo cobra un sentido económico desproporcionado cuando se vende a una niña. Los clientes quieren ver la mercancía antes de seguir pujando por esas primeras veces.

  • - Traed a Dora, mirad debajo del perchero.

Jack acepta beber con el barman que no para de contar que es su cumpleaños, incluso se lo cuenta al matón del jefe cuando viene a por una botella para el reservado. Hay mucha confusión cuando se llevan a una niña que se resiste, la arrastran. También hay veneno para todos.

Dora entra en el reservado y se queda de pie debajo de una bombilla amarilla de cuarenta vatios, da una luz muy pobre y le queda encima de la cabeza. Ella no puede ver al grupo que se pasa la botella con los ojos fijos en su cuerpecito de niña. El jefe también bebe, todos beben. Alguien dice de ofrecerle un trago a la chica, pero el jefe dice.

  • - ¿Estáis locos?, es sólo una niña.

Jack abandona el tugurio dirigiéndose hacia las sombras de la calle, se siente bien, satisfecho de haber cumplido con su deber en otro garito. Aún quedan muchos, pero él los recorrerá todos esta noche.

Cuando pasa un rato largo Dora se mueve. No recibe ninguna reprimenda. Así que se mueve más. Decide salir de esa habitación que le da tanto miedo y se dirige hacia el perchero. Hay gente tirada en el suelo y sobre las mesas. El negro de la gabardina duerme encima de la barra, junto al barman. Todo el mundo está dormido.

“Había una vez un bar, donde la gente tomaba su última copa antes de morir. El bar era de una niña que cuidaba de su madre, y le iba bien. A la gente le da miedo la muerte y prefieren irse con una copa en lo alto. Una vez vino un ángel a morir y pidió whisky. Como no tenía dinero le concedió a la niña un único deseo a cambio de su copa. La niña le pidió que curara a su madre”

Esta noche es navidad.