Todo es vida
El otro día, mi hija de cuatro años – que se llama Helena con “h”, y a la que puse el mote de “petunia”, no, no sé porqué- me dijo lo siguiente en un idioma de niña de cuatro años realmente notable, ella tarda en pensar las frases, pero después habla como Camilo José Cela.
-Papá.
-Dime mi vida.
-No me gusta que me llames petunia, prefiero que me llames flor.
-Pero por qué cielo?
-Una flor se sabe lo que es. Es bonita. Pero una Petunia no. Y además mis amigos del cole se burlan de mí cuando me lo dices delante de ellos.
Su rostro no reflejaba lástima de si misma, ni siquiera me miraba a mí. Su atención se centraba en peinar con la mano el lomo de “manchitas”, su perro dálmata de peluche.
Ahora procuro no llamarle Petunia delante de sus amigos.
Me veo con una chica desde hace cuatro años, y solo hemos cruzado tres palabras en esos cuatro años. Es en la piscina. En esos cuatro años ella ha estado dos veces embarazada. Tiene el mejor culo de la provincia sin duda, todo fruto del entrenamiento. Cuando nada parece un tren expreso agitando las piernas batiendo una melena de espuma impresionante. Una navidad, en concreto la mañana del día después a año nuevo, coincidimos en la piscina los dos solos. Yo me pensaba el chapuzón cuando ella se acercaba nadando por su calle, en medio de la vuelta para iniciar otro largo se irguió hasta la cintura apoyándose con una mano en el filo y me dijo
-Feliz Año Nuevo.
Después se fue nadando tan rápido como había venido. Algo pasa cuando a un hombre le quitas los pantalones. No pude decirle nada.



