Gustos y disgustos. En colores
Blanco.
Recuerdo que la excitación y el deseo se mezclaban de forma que mis manos eran torpes y se enredaban en un sujetador hecho para Houdini , tres corchetes a la espalda que debían tener combinación, así que se lo bajé. Me puse tres condones, dos al revés y no entraban; al tercero tuve que encender la luz, y ella desapareció bajo las sábanas para no regresar.
Verde.
Me decía.
-Si quieres follarme llévame al campo -y yo la miraba escandalizado- me gusta mancharme de verde mientras tú te corres encima.
Fuimos al campo “ipso facto” y me picó un alacrán que casi se lleva el brazo.
Rojo.
La azotaba con una correa de cuero hasta que se le marcaban huellas en las nalgas -ella gritaba poseída-y yo me preguntaba qué saldría esta vez mal. Cuando la colgué del potro que tenía -la tía- en el salón me lié. Le até un brazo al tobillo pasando la cuerda por su pescuezo e hice un lazo turco comprimiéndole los pechos en diagonal por el esternón.
Hasta yo acabé atado.
En fin






