El masturbador de mujeres III

En un rincón apartado Mario Cadonacci tenía, cubierta con una manta, un bulto enorme escondido a las miradas de las clientas que no paraban de llegar a manadas. Había tomado tres ayudantes, una por cada máquina expuesta, pero la demanda presionaba el negocio y tenía que poner toda la carne en el asador. La máquina guardada era un prototipo apenas probado en seres humanos, pero él tenía confianza, era su gran proyecto, la máquina letal.
- - Mario, yo me presento voluntaria -la que hablaba era la alcaldesa, Ágata- súbeme ahí por Dios!.
- - ¿Te atreverías?
- - ¿Quieres que me ponga de rodillas? -Mario se echó mano al paquete.
El día que la ideó supo que sería la catedral de las máquinas sexuales para mujeres, jamás algo tan brutal podría ser superado por muchos siglos que el hombre viviera. La idea nació de una sencilla pregunta formulada en una casual tertulia. ¿Cuántas pollas son necesarias para satisfacer completamente a una mujer?, indudablemente la pregunta invita a la reflexión y al conteo. Veamos…, una, dos, tres,…, vale, cuatro, cinco. Y ya está, ¿no?.
- - ¿Por qué tiene seis brazos?
Mario evaluaba la situación, se puso de pié y rodeó el fornido cuerpo de Ágata asintiendo con la cabeza, -eres fuerte como un caballo, alcaldesa.
- - Será como una yegua.
- - Sí..,eso – Mario se acercó al oído de Ágata y le bisbiseó en secreto.
- - Oh!.., ¿y la sexta?
- - “bsbsbsss..”
- - ¡Santo Dios!
Mario comprendió que la Alcaldesa era la candidata idónea para una “prueba en vivo” de la máquina así que la aleccionó.
-Debes subirte aquí, es un columpio un poco especial.
Ágata se deja poner argollas en muñecas y pies, un arnés acolchado la sujeta como una marioneta.Al otro extremo -Mario-, maneja cuerdas como un hábil titiritero, hace pruebas y coloca a la alcaldesa en posiciones inverosímiles. Le hace inclinarse con torso recto hasta tocarse los pies con la nariz, o le abre tanto las piernas que Ágata grita ,a punto de partirse -cabrón!, ¡que no soy una anchoa!-, Mario comprueba que puede manejar a su antojo su particular muñeca.
Entonces trae el monstruo de seis brazos que acaban en sendos penes de diversos tamaños y formas.
-Déjate llevar.- Dice Mario con una mirada que refleja seguridad.
Maniobra para que uno de los brazos se acerque a la boca de Ágata, ella la abre sacando la lengua y se la traga. Mario empieza a menearla adelante y atrás con parsimonia usando una de las cuerdas.Cuando coge el ritmo un baile de cuerdas compone una melodía alrededor del cuerpo de Ágatha, por todos sus orificios, a la vez. Ella enloquece en posturas lascivas y sin pudor, su cuerpo tiene convulsiones aún con el más mínimo roce, pero la máquina no da cuartel, y orgasmo tras orgasmo la alcaldesa deja de ser dueña de sí hasta una lejana voz en su cerebro le hace gritar las palabras..!basta!. E -igual que la primera vez- Mario detiene la máquina.
Tiene un rendimiento aceptable, solo queda clasificarla.
-Dígame alcaldesa, ¿cómo la definiría?
Ágatha la miró reviviendo los momentos que su cerebro había retenido y sonrió feliz
-Es una gran hija de puta.



