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2010.02.05

Bajo la encina de un bosque que no existe,
no estoy sentado a la sombra de un día soleado.
Tampoco hojeo un libro.
Ni escucho los sonidos de mi alrededor.
Bajo la encina de un bosque que no existe,
no marcaré en su tronco un nombre, ni un corazón.
Ni respiraré aire puro.
Ni cogeré tu mano para pasear en un camino
que no existe
en un bosque
que no existe.
Tampoco beberé agua de una fuente,
ni reiré palabras que no fueron dichas por tu boca que ya no está.
No tocaré tu pelo,
ni nombraré tu nombre.
Ni tendremos más hijos que nunca reirán entre columpios y que jamás nos llamarán por la noche.
Bajo la encina de un bosque que no existe.
No estoy yo,
ni estás tú.
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Un bosque que no existe no es buen sitio para vivir nada. Mejor andar por caminos. Aunque no existan, dicen que se hacen al andar.
Me ha gustado.
Hasta luego
Xactamente cuerpazo.
Tu hija me tiene loco, está empeñada en que debo aprender a dibujar para ayudarla en sus trazos. Y yo, cuando hago un elefante se parece a una jirafa, y cuando hago una jirafa parece un Lamborgini Diablo. No sé que hacer para que me salga un lavabo. ¿Quizás un helicóptero?. Qué sin vivir.
Le voy a contar lo del bosque y to eso a ver si le entra dolor de cabeza.
Los sueños y los deseos siempre se entremezclan, tristes y bellos.
Bonitas palabras.