2010.02.09

Estoy convencido que no existe un último lugar tras la taberna “Whales Tabern” de barrio infierno. Incluso el mismo Infierno está antes. Nadie debería dejar de tomar un trago después de ir a visitarlo. Hace demasiado calor en el Infierno. En cuanto al cielo ¿quién quiere ir al cielo? No hay mujeres desnudas en el cielo, y las arpas tocan siempre la misma melodía.
Fue en “Whales Tabern” donde conocí a Frank. La enorme barra de madera del “Whales Tabern” acabó sellando una hermosa amistad totalmente soluble, en whiskey, por supuesto. Dicen que la barra del “Whales Tabern” fue hecha con la madera de un viejo galeón que traía esclavos negros de África. Dicen, incluso, que aún se conservan parte de los esqueletos de los que no pudieron terminar tan infecto viaje.
—¿En dónde? —Pregunté una vez.
— En la argamasa —me contestó confidencialmente Skinner. El barman del “Whales Tabern”—por eso es negra, y no blanca.
Frank solía llegar de madrugada. También solía quedarse varios días con sus noches alimentándose de cacahuetes mientras bebía.
—Hay que hacer fondo para que la bebida asiente bien—explicaba.
Frank vivía entre dos mujeres y su conversación siempre versaba sobre ellas. Confieso que es algo digno de escuchar. Al menos una sola vez.
—Ingrid tiene la piel fina. Ni el prepucio de los ángeles posee una piel como la de Ingrid —Frank gustaba de blasfemar continuamente—. Pienso guardar su lengua en formol cuando muera.
Frank hablaba y hablaba deteniéndose pocas veces en las que se llevaba comida y bebida a la boca. Yo prefería no preguntar, no hacía falta.
—Samantha es regaliz con chocolate. Fuerte al paladar. Te deja un sabor agradable entre las piernas.
Podía parecer que Frank era un hombre afortunado, sin embargo los días, con sus noches, que pasaba en “Whales Tabern” dejaban claro que no lo era, al menos del todo.
Frank dejó de aparecer por el barrio durante una larga temporada y se le echaba de menos. Su ausencia dejó ese vacío que no merece la pena intentar llenar con nada, pues jamás lo consigues.
Una noche regresó. Me había retrasado algo más de mi habitual hora y ya iba por su quinto whiskey. No lo saludé. En cambio me senté a su lado como si jamás se hubiera ido. Él empezó a hablar.
—No pude elegir. Las mujeres siempre quieren que elijas. Siempre quieren que las elijas a ellas. Pero yo quería a las dos. Quería elegir a las dos.
—Sí Frank —dije yo intentando comprender.
—Al final he elegido ninguna, supongo que es la elección más justa.
Frank aún está sentado en la barra de la única taberna de barrio infierno. Creo que en realidad teme irse de allí. Más allá no hay nada.
2009.01.03

Jack está loco pero él aún no lo sabe, el ser humano es el único animal que es capaz de encontrar razones que justifiquen cualquier acto. Jack vio como su mujer se consumía en manos del alcohol, la pequeña y dulce Samantha. Ella escondía su alcohol entre botellas de lejía y desinfectante- y él la dejaba, por amor-, pronto se acostumbró a comer filetes endulzados con azúcar glas, a vestirse con camisas quemadas, a tropezar en el pasillo con la basura olvidada, pero es que él la quería. Samantha se consumió sentada sobre sueños imposibles en el sofá de tres plazas de su salón, con una camisa sucia sobre sus pechos de adolescente y unas braguitas de encaje.
La pequeña Dora no tiene suerte, su madre tiene tuberculosis y ha de estar acostada en una habitación que cuesta cinco dólares la noche. El “jefe” – como ella le llama-le ha hablado esta tarde.
- - Si haces lo que hacía tu madre podréis quedaros. Si no, os quiero mañana en la calle.
Dora se pregunta qué es lo que hacía su madre en la habitación cuando subía con los clientes y la mandaba abajo, al bar. A Dora le gusta ponerse al fondo de la barra, bajo el perchero. Los largos gabanes vuelcan su sombra en esa esquina y puede observar sin ser vista. Juega a un curioso juego. Ella adivina las vidas de los bebedores que se sientan solos a olvidar y perderse del mundo.
“Como el negro de la gabardina, que engaña a todo su pueblo con cartas mensuales que manda a África contándoles que necesita dinero para llegar a alcalde de Pennsylvania y que cuando lo consiga, regalará casas y trabajo a todos los de la tribu. E incluso podrán volar en un avión que él les enviará para el gran viaje. Sólo necesita un poco más de dinero. Y otra copa”
“O el tipo de la camisa quemada, que busca a su hija desde hace siete largos años por todos los bares del barrio y aún no la ha encontrado. No la encuentra porque no coinciden, siempre que pregunta por ella a los barman obtiene la misma respuesta – acaba de marcharse -y entonces se toma una copa que le de fuerzas para ir al siguiente tugurio.”
Jack va pasando por las mesas vertiendo veneno en las copas momentáneamente olvidadas de los clientes. Algunos están tan borrachos que puede escanciar el mortal líquido delante de sus narices y aún así lo tragan. Es un poderoso veneno, actúa en pocos minutos mandando fiambres al cielo a una velocidad vertiginosa. No se debe beber.
“El jefe” hace tratos en la trastienda. Se ha corrido la voz de que tiene una virgen en el club y eso vale mucho dinero. Una virgen se puede vender muchas veces, el dicho de que siempre hay una primera vez para todo cobra un sentido económico desproporcionado cuando se vende a una niña. Los clientes quieren ver la mercancía antes de seguir pujando por esas primeras veces.
- - Traed a Dora, mirad debajo del perchero.
Jack acepta beber con el barman que no para de contar que es su cumpleaños, incluso se lo cuenta al matón del jefe cuando viene a por una botella para el reservado. Hay mucha confusión cuando se llevan a una niña que se resiste, la arrastran. También hay veneno para todos.
Dora entra en el reservado y se queda de pie debajo de una bombilla amarilla de cuarenta vatios, da una luz muy pobre y le queda encima de la cabeza. Ella no puede ver al grupo que se pasa la botella con los ojos fijos en su cuerpecito de niña. El jefe también bebe, todos beben. Alguien dice de ofrecerle un trago a la chica, pero el jefe dice.
- - ¿Estáis locos?, es sólo una niña.
Jack abandona el tugurio dirigiéndose hacia las sombras de la calle, se siente bien, satisfecho de haber cumplido con su deber en otro garito. Aún quedan muchos, pero él los recorrerá todos esta noche.
Cuando pasa un rato largo Dora se mueve. No recibe ninguna reprimenda. Así que se mueve más. Decide salir de esa habitación que le da tanto miedo y se dirige hacia el perchero. Hay gente tirada en el suelo y sobre las mesas. El negro de la gabardina duerme encima de la barra, junto al barman. Todo el mundo está dormido.
“Había una vez un bar, donde la gente tomaba su última copa antes de morir. El bar era de una niña que cuidaba de su madre, y le iba bien. A la gente le da miedo la muerte y prefieren irse con una copa en lo alto. Una vez vino un ángel a morir y pidió whisky. Como no tenía dinero le concedió a la niña un único deseo a cambio de su copa. La niña le pidió que curara a su madre”
Esta noche es navidad.
2008.08.27

Sobre el tapete verde la mesa hay cinco cartas, tres están descubiertas y dos bocabajo. Miro de nuevo mis tres cartas por si han cambiado. No.
Observo el reloj que fija sus agujas en la madrugada. De camino a la mesa mi único ojo se detiene en el calendario que está debajo del reloj, es día 5 – día de cobro, claro -, el mismo que mes tras mes fija mi visita al Whales Tabern. A veces puedo ir el día 6, pero pocas. Mi suerte apenas da para un día.
Envido con dos fichas de 20 y se cubre la apuesta, somos cinco en una mesa donde la compasión no existe, las emociones se ocultan tras miradas neutras y los jugadores solo hablan con las putas que se acercan a servir bebidas con escotes que sirven de monederos para fichas de 5 y 10 que, religiosamente, les son depositadas por el breve servicio.
La noche se me acaba con la vuelta de la última carta, no hay suerte, lo normal. Frente a mí una única ficha de 20 parece una isla desierta en medio de un mar verde, no es suficiente para seguir jugando. Apuro mi cuarto vaso de un trago y dejo el sitio que es rápidamente ocupado, Mi ficha y yo nos vamos a la barra donde nos preguntamos qué hacer. No hay muchas alternativas, en el Whales Tabern se puede jugar, beber y follar. Y yo ya he jugado y bebido.
Una chica morena y bajita se me acerca, tiene unas tetas que se disparan al techo y me pregunto si no habrá truco.
- Hola vaquero, ¿me invitas a un trago?.
- Si te invito a un trago no podré follar contigo sirena – tetas disparadas se me queda mirando ponderando la situación, me inspecciona de arriba abajo y da un vistazo a su reloj de muñeca, parece que no acaba de decidirse- Follo de escándalo, tú verás .
- Pues búscate novia vaquero, seguro que ella lo apreciará – creo que no la he impresionado- ¿Cuánto tienes guapo? Por veinte te hago una mamada, por treinta -además – puedes meter tu cosita en mi agujero y por cuarenta te volveré loco con mi culo.
Pactamos la mamada y cobra por adelantado, mi única ficha desaparece en algún rincón de su anatomía y nos dirigimos por las escaleras hacia la planta de arriba. La dejo pasar primero para verle el culo e ir animándome, me acerco mucho a ella – tiene un culo espléndido – y conforme sube los escalones se me va poniendo más y más dura. Gira a la izquierda y saca una llave de un diminuto bolso púrpura. Entramos y sin perder tiempo se quita el vestido con una rapidez que me deja asombrado.
- ¿Te quedas de pié o prefieres tumbarte cariño?
- Me sentaré, gracias.
- Como quieras – sin perder tiempo se arrodilla ante mí y me desabrocha los pantalones, sin bajármelos abre la entrepierna y me saca la polla – ¡Guau! vaquero, me parece que he cobrado barato, ¿eh?.
- No lo sabes tú bien.
Empieza a agitarla con la mano – lo hace bien – me aprieta mucho y la sangre va llenando los vasos sanguíneos hasta que consigue una erección apreciable, lame el tronco de la verga para que sus dedos se deslicen con suavidad y me mira lascivamente – quiero que te corras en mi cara vaquero – sigue meneándomela con un movimiento acompasado, no lo hace deprisa se limita a alargar el movimiento de forma que toda mi polla siente la presión de sus manos, observa mis reacciones ,desde luego es una verdadera profesional – ¿quieres que me la coma vaquero?-. No espera mi respuesta y se la empieza a comer literalmente, mi polla amenaza con desaparecer en su garganta y llega un momento que sólo mis pelotas quedan a la vista, pero aún conservo el control, me gusta y quiero que siga, así que le agarro la larga melena y le presiono la cabeza hasta provocarle una arcada, tiro de ella y se queda con la boca abierta. Babea y su saliva me chorrea el bajo vientre, eso me excita y hago que vuelva a la carga. Pero ella protesta y me aparta de un manotazo la mano.
Entonces empieza a pegar voces mientras se levanta y se separa de mí, llama a un tal Archie repitiendo constantemente su nombre.
Un enorme gordo irrumpe en la habitación abriendo la puerta de una patada.
- ¡!Tú!! – es a mí, claramente- puedes elegir, puedes irte ahora o no irte nunca.
De camino a casa las luces del Whales Tabern desaparecen en el retrovisor de mi destartalado auto, en el asiento del conductor va mi mala suerte que me acompaña fiel. A pesar de no tener ni un pavo y los huevos llenos de semen hasta dolerme no ha sido una mala noche, las ha habido peores.
Pero así son las cosas.
2008.05.06

Runaway salta otro tejado, es noche cerrada pero hay luna. Las sombras se alargan sobre tejados, terrazas y salidas de humo mientras salta con la agilidad de un gato. La oscuridad en las alturas tiene sus ventajas.
La noche sigue viva en Barrio Infierno, y la lujuria busca cuerpos donde alojarse.
Otea desde el tejado más elevado la planta de “Mescalina”. Tras el edificio del bar hay un patio cerrado, sombras de perros y cañones de rifle recorren su interior . Al fondo se adivina el resplandor apagado de una luz tras una cortina. Hay dos gorilas en la puerta.
“mucha gente,..a quién protegéis chicos?..”
Baja por la escalera de incendios y se dirige al tugurio, abre la puerta y va a la barra. El camarero limpia obsesivamente un vaso, Runaway pide una botella de whisky.
- Tenéis visita ésta noche, eh Mack! -Mack desvía su único ojo hacía Runaway mientras sigue frotando el vaso enérgicamente- he visto entrar un Phantom por la puerta del garaje, pensé que no existían.
- Un día de estos te partiré las piernas – el vaso cruje- no metas la nariz en esto o la perderás.
- Vamos “tuerto”,- Runaway se echa sobre la barra y le agarra la corta corbata tirando de él hasta situarlo frente a sus ojos- si te portas bien, te dejaré ese ojo para que aciertes al mear.
El vaso estalla en manos de Mack.
Runaway da un tirón de la corbata y la cabeza de Mack se estrella en la barra quedando su ojo izquierdo junto a una afilada esquirla de cristal.
- Te doy tres- Runaway agarra la cabeza del barman y coge la esquirla dejándola apoyada en el iris de Mack-, una…dos…y…
- Es el jefe que ha venido a por su nueva chica, ella ha llegado esta noche.- Mack no puede pestañear.
- Gracias.
Runaway salta la barra y se mete en la cocina del antro. Al fondo- una puerta entreabierta -da al callejón por la que ve entrar en el Phantom a Mr.Stock y a una niña de unos 12 años con un esbozado cuerpo de mujer. Está asustada, y su pelo rubio lo recoge en dos coletas. El hombre la agarra en todo momento del brazo hasta que se los traga el coche.
El vehículo se dirige hacia la puerta.
Runaway alcanza a ver el rostro aterrorizado de la niña antes de desaparecer, y oír cómo su captor – tirando de ella- grita
- Vamos Karma, tenemos que irnos.!
” karma”
2008.05.04

Sergey abre la puerta de su apartamento y cierra, un suspiro delata su tensión. Se dirige al bar y bebe directamente de la botella de Whisky , el gaznate se colapsa y el fuego le sube por la faringe.
Sergey aguanta la quemazón y continúa elevando la botella hasta que se acaba.
Piensa en llamar a una de las chicas de Madam Sucker, una de las duras.
La puerta cede al puntapié, y Runaway entra rodando mientras Sergey ya dispara la segunda bala. Se oye un tercer disparo, y Sergey se echa mano a la garganta que se convierte en un surtidor de sangre y saliva. No habrá chica dura hoy para Sergey.
Runaway tapona la herida, sabe que Sergey no tiene salvación, pero necesita que sus últimos minutos de vida se los dedique a él.
- Hasta que mueras, de aquí a 20 minutos, puedo hacer dos cosas contigo. – Runaway se muestra tranquilo y preciso-, puedo dejarte en el callejón para que te coman las ratas. A ellas les gusta empezar por lo blando, se comerán primero los ojos y después los testículos. También puedo dejarte morir en paz. Elige, tienes 2 minutos.
Runaway mira su reloj, y enciende un pitillo.
- Sólo quiero saber quien te encargó esto, no temas no se podrá vengar, tu ya estarás muerto. Si callas me ofenderé y te llevaré con las ratas.
Sergey escribe con su dedo ensangrentado la palabra “Mescalina” en la alfombra, la sangre brota a borbotones por la toalla que tapona la herida.
Runaway le pega un tiro en la cabeza.
Mescalina es un tugurio que regenta Mr. Stock.
Runaway queda en silencio, mientras una sombra cruza por su pensamiento…”- la niña..-
Maldita sea.
2008.05.03
Runaway estaba acabado y él lo sabía, no había más que fijarse en los cientos de latas que tapizaban su pequeño apartamento barato al lado del rio.
Abre la puerta quedándose bajo el marco con las piernas abiertas y la mirada perdida, pulsa el interruptor haciendo estómago para entrar. Pero no sucede nada, los electrones no llegan y entonces recuerda el correo, el recibo de la luz seguramente estará entre colillas y el folleto de publicidad del ” eterno sueño”, la funeraria de Barrio Infierno. No es que tuviera competencia, era la soberbia de saberlos suyos.
Cierra la puerta y se dirige a la estación de ferrocarril, ha pasado los últimos 20 años en Barrio Infierno y ya huele suficiente a muerto.
La estación de Barrio Infierno posee sombras eternas que jalonan su soledad y hasta los trenes son extraños allí.
Runaway espera sentado entre vías, da igual el sentido que llevara el tren, él cogerá el primero que pare.
Es entonces cuando la ve – mejor dicho- la oye.
Un taconeo decidido e inconfundible rompe las sombras en que se esconde la estación de Barrio Infierno, tras el taconeo una sombra y pegada a ella unas medias de nylon asoman entre un largo abrigo negro de cuero. Una melena rubia corona la aparición. Sus pasos se dirigen a Runaway, entonces se oye un disparo y un reflejo centellea en la boca del paso subterráneo.
Melena rubia trastabilla a la vez que vuelve la cara, está muerta. Aunque aún no lo sabe, la bala se ha alojado en un pulmón, un silencioso derrame va regando de muerte su interior mientras la urgencia de un pensamiento se abre paso entre miedo y dolor.
Runaway llega justo antes de que se desplome. Ella se deja abrazar-…”la niña..”- suspira antes de que termine su tiempo.
- Odio esto..- piensa Runaway.
El tren irrumpe en la estación.
2008.04.20

Levantó la cabeza como si despertara de un sueño, como si de pronto le hubieran dado un empujón y le hubieran gritado- ¡Eh!, ¿qué haces?-
como cuando sueñas que te caes,
y
te
caes,
aún estando tumbado en la cama.
Ella sostenía todavía su polla en la mano y unas gotas de saliva escurrían sobre los hoyuelos de su mejilla, unos hoyuelos marcados de apretar los dientes en la vida no de nacimiento.
Miró con extrañeza al tipo desnudo que ronroneaba tumbado boca arriba – no lo reconoció-
Él,
empezó a moverse intentando recomponer el suave movimiento interrumpido por un sueño que no fue un sueño,
intentaba que siguiera.
Ella,
tuvo la tentación de continuar, siempre había sido muy cumplidora, como aquella vez que le mandaron recortar el seto del jardín con un sol de espanto en pleno agosto. Terminó, aunque le salieron ampollas de las quemaduras del sol.
- Chupa, cariño, chupa! -
Inclinó levemente la cabeza y eso la permitió conocer a quién estaba pegada la polla que trabajaba, varón, raza blanca y con cara de cerdo. Rubio de bote, poco, pues estaba casi calvo, ojos azules desteñidos por el alcohol y el vicio, camiseta de tirantes.
Entonces entendió la situación que le estalló en la cara.
Con toda naturalidad soltó la polla del tipo y empezó a buscar su ropa amontonada en una silla junto a una radio que daba la situación del tráfico de forma continua y planificada
- “ un accidente tiene cortada la autovía A4 a la altura Puerto Lápice, sentido Andalucía, se recomienda la antigua NIV como trayecto alternativo…”- la voz sonaba cansina y monótona.
- ¿Pero…qué crees que estás haciendo?-
Sobre dos pezuñas el tipo de la camiseta intentaba comprender lo que sucedía a fuerza de levantar la vista, como si alguna vez hubiera podido comprender algo.
No encontraba las bragas y se puso a revolver la ropa de él que iba tirando con desprecio y sin cuidado…, bueno.
Sin cuidado y con desprecio.
- ¡Vuelve a la cama y termina lo que estabas haciendo!- El tipo se estaba cabreando, más por la indiferencia de ella que por el dolor de pelotas que empezaba a sentir. Gritaba, lo hacía para hacerse entender, como se hace ante alguien que no habla tu idioma, como hacen los que nunca son escuchados, como hacen los que huyen de sí mismos.
Entonces ella habló por primera vez, tenía las bragas recién encontradas en la mano derecha y unos ojos como puñales.
- Mira, imbécil. Es inútil hacerte comprender que tú eras el fondo que buscaba, pero te diré una cosa. Tienes la cara amarilla, seguramente un cáncer te está matando por dentro y te quedan pocos meses de vida, así que vete con tu mujer, besa a tus hijos y llora por ti. Y si se te alarga el tiempo recuerda que me conociste, recuerda que me conociste postrada ante tu apestosa y maloliente polla. Porque ese recuerdo, es el que vamos tu y yo a compartir. A ti te servirá para meneártela entre sesión y sesión de quimioterapia, y a mí para que el orgullo no me pueda cuando termine lo que tengo que hacer en la vida.
- ¿El qué?
- Todo.
2008.03.30

Nunca pude olvidar la expresión de Ronald Beliows cuando le comunicaron que se había convertido en un desechado. El miedo invadió su rostro hasta el punto que lo vi encanecer ante mis propios ojos. Lo juro.
Ronald tenía todos los pecados habidos y por haber a sus espaldas. Dicen que las cruces salían huyendo a su paso y que los virgos de las monjas estallaban si pasaba a menos de dos yardas de ellas.
Pero es que Ronald había tenido tiempo de hacer carrera.
A pesar de ello, nada dura eternamente y ahora debía pagar. Lucifer siempre invitaba a tres rondas antes de llevarse a un desechado. La primera por Dios, la segunda por la virgen, y la tercera por su cipote.
Pidió la primera.
- ¡Va por Dios! – Dijo levantando el vaso hacia arriba mientras sacaba una maloliente lengua negra y viperina. Unos enormes cuernos blanco marfil salían de unas protuberancias negras como el resto de su cuerpo, desnudo, que exhibía un enorme pene con un glande rojo y abultado. Su mano, con dedos largos rematados por largas uñas, se posó en el hombro de Ronald.
Ronald se meó encima dejando un charquito junto a la pernera izquierda del pantalón. Él cargaba hacia la izquierda.
Pidió la segunda.
- ¡Va por la Virgen!- Apenas un instante detuvo su copa en el aire, un instante en que detuvo toda maldad para mirar un recuerdo de algún pasado atormentado, quizás por una mujer. Puede ser que el recuerdo lo hiriera,- de cualquier forma- cogió por la pechera a Ronald y le arrancó el alma delante de todos, sin ningún pudor.
Pidió la tercera.
- ¡Va por mi cipote!. – Y cogiéndoselo por la base empezó a menearlo de forma amenazadora hasta acabar dando un golpe encima de la barra que sonó como un disparo. Todos nos quedamos esperando. Expectantes. Boquiabiertos.
Y un agujero negro como la noche se abrió a pies de Ronald y el Diablo, tragándoselos sin truco, sin cortinas. Sin compasión.
Ahora Ronald es un desechado, un sin alma pegado eternamente al sufrimiento en la ignorancia de saber si está vivo o si está muerto. Con el pelo cano y la cabeza agachada, pasa su tiempo mirando a un campo de flores muertas. De cielo gris.
Y penas eternas.
2008.01.21

Es irreverente intentar convenceros de que mi vuelta a barrio infierno es algo distinto del deseo de revolcarme entre algo que, espero, sea peor que yo. El saber que eres mejor que algo es una droga que crea una adicción difícil de superar, quizás el buen coñac de 300 euros la botella lo supere, pero no hay muchas cosas más.
….
Las cejas de Jacks, el barman de “Whales Tabern”, son susceptibles de ser peinadas. Siempre miro mi whiskie antes de beberlo por temor a que haya un pelo de ceja de Jacks, estoy convencido que si me lo tragara se me atravesaría en la tráquea y moriría agotado de toser.
Jacks no es un barman al uso, en lugar de escuchar tus penas, te cuenta las suyas.
- - Tengo un grano en el culo que me está matando – me dijo una noche -, he ido al doctor y me ha dicho que hay que sajarlo.
- - Esos nunca dan buenas noticias- dije yo.
- - Quiere 150 pavos, yo le he dicho que se lo puede quedar después, pero es inflexible en su tarifa.
- - Yo te lo hago por 75.
Jacks y yo desaparecimos en el almacén, en la barra se podía leer un letrero que decía :
“Vuelvo en cinco minutos”.
Os ahorraré contaros como es el culo de Jacks. Pero sí os diré que el grano pesó dos kilos y trescientos gramos.
Después de aquello Jacks y yo intimamos, se nos podía ver en la barra uno muy cerca del otro contándonos confidencias, bueno, el que las contaba era Jacks. Yo lo escuchaba atentamente.
- - Creo que he nacido para ser barman,- me decía- no me veo de otra cosa. ¿No te pasa igual?.
Realmente no se podía imaginar a esa barra de bar sin Jacks detrás. El vivía literalmente detrás de la barra. Una vez fui por la mañana y allí estaba, digo una vez que era de día por la mañana. Inaudito.
El culo de Jacks empezó a ponerse negro gangrena, quizás debí lavarme las manos antes de la operación en rebajas, pero ya no tenía remedio. Jacks tuvo que ingresar en el hospital del centro de la ciudad y nombró a una testaferro para la barra. Le dijo.
– No dejes que este te toque el culo.
Siempre fue muy rencoroso el cabronazo.
….
Epílogo : Jacks sobrevivió, pero ahora caga por una abertura en el codo.
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