mutación

2009.03.22

zapato

Es primavera, un día de esos en que estás contento y te sientes afortunado de vivir, tras ir a nadar ayer, todo fue mejor de pronto. Flotaba cuando me dirigía al coche para ir a tomar las mejores albóndigas de la ciudad y escalope con patatas de segundo. Recuerdo que miré los zapatos como agradeciéndoles lo cómodos que eran, ¡y qué limpios!.
Por la noche sigo mi método para comprobar la vida media de un calcetín en el pié, primero los miro, el aspecto es esencial, rayas negras y azules de mar mediterráneo -pienso en el buen gusto que he tenido al elegir esos calcetines, quizás sea un síntoma de madurez-, y después los huelo hundiendo mi nariz hasta el fondo, para que no haya dudas -sí, aún me aguantan la semana. Pienso.
Hoy, en mi intención de redondear una mañana igual de espléndida, decido repetir la rutina de nadar, comer y disfrutar.
Cuando llego al mostrador para que me piquen el ticket, la funcionaria está rellenando un test a un tío de unos cincuenta años.
- ¿Nombre? -la concentración de la empleada del estado es máxima.
- Cristóbal Romero Gómez -Cristóbal Romero Gómez, repite ella escribiéndolo con una caligrafía redondeada.
- Mañana a las doce menos cuarto se acerca por aquí con un informe médico, una radiografía de la columna reciente y otra tamaño carnet -su mirada escruta cualquier indicio en el rostro de Cristóbal Romero Gómez que le haga descubrir que su solicitud para pagar la mitad por prescripción médica es falsa. Pero el presunto defraudador, o es un profesional, o dice la verdad. Su rostro no se ha conmovido.
El susodicho se retira y es mi turno.
- Hola – digo, y le extiendo mi pase de diez baños -. La funcionaria me pica el ticket y me lo devuelve. Yo giro cuarenta y tres grados y medio y me dirijo a la puerta que baja a los vestuarios, entonces ocurre.
- Perdone, ¿usted no vino ayer?.- Me detengo, siempre es agradable que te reconozcan.
- Pues sí. Vine -la verdad es que estoy emocionado.
- Verá -me explica mientras siento su mirada escrutándome tal y como antes escrutaba a Cristóbal Romero Gómez-, ayer hubo una confusión. Un muchacho nos avisó que le habían cogido sus zapatos, por lo visto los había dejado junto a otros exactamente iguales y del mismo número.
- No me diga -zapatos, confusión- pero qué cosas pasan, y dígame ¿Cómo se fue sin zapatos a su casa?.
- En chanclas, las que había traído para nadar. Mire -la funcionaria se levanta y revuelve la taquilla que queda a sus espaldas. Saca unos zapatos. Saca mis zapatos. Y mis calcetines.-. Estos eran del señor que se llevó los otros. Los dejó aquí por si viene de nuevo.
Mi cara amenaza con sudar. ¡Coño! -pienso-, con razón no me sonaban los calcetines.
- El chico que los dejó dijo que él no estaba dispuesto a ponerse los calcetines y los zapatos de otro tío. Bueno, eso es normal, yo creo que eso no lo haría nadie sabiéndolo, ¿no cree?.
- Noooo, claro. Eso no lo haría nadie -bajo los ojos ante la funcionaria del estado que sigue escrutándome-, lo siento no puedo ayudarla. Bajo mi mochila hasta la altura de los zapatos y me dirijo a la puerta de los vestuarios andando como una geisha. La funcionaria me mira de reojo a los zapatos, y yo me pongo zambo, ando a la pata coja y salvo la escasa distancia que me hace invisible de tobillos hacia abajo ante la despiadada mirada de esa trabajadora del gobierno.
El vestuario está a rebosar, así que me meto en una de las cabinas privadas a cambiarme. Guardo los zapatos y calcetines en la mochila para que nadie pueda verlos y me voy a nadar. Cuando salgo, lo hago a la velocidad de la luz y la funcionaria apenas me oye la “s” del adiós que le tiro. Estoy a salvo, contento como un niño con zapatos nuevos.

Realmente -tengo que decir-, no son iguales los zapatos aunque lo parezcan. Los que llevo puestos son mucho más cómodos.
Y los calcetines más bonitos.

Categories : sucedidos

El cristal

2009.03.18

cristalventa

 

No me había fijado en los sucios que estaban los cristales, o quizás sí. Pero juro que no se me había pasado por la cabeza limpiarlos y eso que me gusta mirar a través de ellos. La madrugada es una vista espléndida desde mi salón de alquiler, si pones el disco adecuado- los punteos de guitarra de “telegraph road”, por ejemplo- la mañana te saluda amable en comunión con tus pensamientos y el humo de un cigarrillo, sientes paz.
No me gusta ocuparme de lo accesorio, me distrae. Quizás sea esa la razón.
A pesar de ello, después de leer por enésima vez un pensamiento escurrido de los que se te queda pegado al alma me he levantado, he buscado un producto de color azul, una bayeta y me he dispuesto a limpiar los cristales. He pensado que no debe ser muy difícil – soy consciente de mis limitaciones como soltero – en resumidas cuentas debe tratarse de echar producto y frotar. Sí, eso debo ser capaz de hacerlo.
Me pongo a limpiar la cara de dentro – sí que había mierda, sí..,-y todo va bien, me pregunto si la madrugada será más bella ahora que puedo verla sin la nebulosa que bañaba el cristal. Seguro que sí. Yo me animo con facilidad, y pronto me empecino en dejar los cristales perfectos. Descorro la hoja del balcón y salgo a la terraza, sigo frotando sumido en una vista que es espectacular en mi imaginación. No llego al solape de las hojas del balcón y las descorro para seguir limpiando.
click.
Maldita sea.
Parezco un luchador extraño con la bayeta en una mano y el limpiacristales en la otra, miro las hojas cerradas mientras empiezo a notar el frío de la mañana encerrado en mi terraza. Sabía que ocurriría algo. Joder. Pero si sólo iba a limpiar las ventanas, total, era cuestión de cuatro minutos y seguiría con mi vida igual pero con las ventanas limpias-mejor, ¿no?, ¡pues no!- ahora llegaré tarde al trabajo mientras averiguo como coño salir de mi terraza.
Intento desencajar la hoja de la ventana, pero necesitaría un cuchillo o algo plano, busco detrás echando un vistazo a la terraza tratando de encontrar cualquier cosa que me sirva. Nada, solo suciedad. Muchas suciedades distintas. Hay una manguera que podría servir para limpiar el suelo que tiene una apreciable capa de polvo.
Una mierda voy a limpiar.
Me asomo a una estructura metálica que el propietario apila en una de las esquinas del patio, da al de al lado. Me subo en el poyete del murete que circunvala la terraza buscando otra salida, existe otro patio pero la casa está vacía, al frente no hay patio pero por lo menos hay 25 metros de caída. No hay otra salida.
Salto a la terraza de la casa vecina y me asomo al balcón. No se ve a nadie, pero la luz del pasillo está encendida.
Ejem.
Llamo con los nudillos por el cristal, nada. Insisto un poco más fuerte. Espero. Trato de imaginar la reacción del que venga. Por fin alguien cruza por el salón con la vista fija en algún objeto que va a buscar. Tiene prisa, se nota, claro, es la hora de salir a trabajar- mierda, voy a llegar tarde- me pongo a hacerle aspavientos para que repare en mí, es una mujer, se me queda mirando sin entender, echa un vistazo a su alrededor como confirmando que está en su casa, me mira de nuevo y se lleva la mano a la boca, después sale corriendo al pasillo gritando.
Genial-pienso- ahora es cuando va a por su marido que aparece con una escopeta y me pega siete tiros.
Dos cabecitas asoman por la puerta del pasillo, son dos críos. Me miran con la boca abierta. Yo los saludo efusivamente con la mano. Y ellos me devuelven el saludo, pero sin efusiones, lentamente, asombrados.
Pues vaya plan.
Por fin entra el marido como un tropel en el salón y empieza a pegarme voces.
- ¡Qué hace usted ahí!, ¿Cómo ha entrado?, ¡!está allanando mi morada!! ¡!!voy a llamar a la policía ahora mismo!!! – pienso que como a este tío le dé una embolia me podrían acusar de homicidio involuntario.
- Tranquilo hombre- mis manos adoptan la postura de paz universal- ha sido por limpiar unos cristales, me he quedado encerrado y no se me ha ocurrido otra forma de salir. Ábrame por favor, mis intenciones son buenas.
Al final me invitan a un café y atienden mis tribulaciones. Todo termina en unas risas y me voy a mi casa, afortunadamente estaba vestido y tengo las llaves de la puerta en mi bolsillo.
O debiera tenerlas…

Categories : sucedidos

rectificar, es de sabios

2008.12.12

 

Después de pensarlo mucho, detenidamente y de forma reflexiva he llegado a la conclusión que mi teoría de los charcos (o como empezar un mal dia con garantías) es errónea. Y como rectificar es de sabios..pos eso.

Efectuemos.

 

La cosa empezó un mañana ideal para deportes de invierno, en concreto esquí sobre ruedas. Con una pericia asombrosa logré apuntar y acertar a la bola de remolque de un todo terreno sobre una nieve en polvo dura como la cabeza de una mula. Cinco puntos sin dudarlo. Contento me bajé del coche y admiré mi obra – después- cogí el teléfono y llamé a la grúa.

- Lo he conseguido, pueden venir a por el coche.

- Enhorabuena, sabíamos que su constancia daría frutos.

- Gracias, gracias..sus palabras me llenan de emoción sincera.

Ya en el taller empezó una odisea acerca de un nuevo elemento partícipe en ésta España nuestra. Algo tan atractivo como las rebajas en Enero, el llamado “coche de cortesía”. Impresionante.

- Taller a recepción. Necesitamos un coche de cortesía para un cliente, es urgente e inevitable. Y no, no admito un NO como respuesta.

- Recepción a taller : No hay ninguno.

- Taller a recepción : ¡!¿Cómo que no?!!. ¿Y el de la prima segunda de Aurelio?.

- Recepción a Taller : Lo tiene Aurelio.

- Taller a recepción : Bueno, pues coges a Aurelio, lo empujas por las escaleras que hay en el rellano de recambios, empújalo hacia la derecha que no hay pasamanos, procura que se parta la pierna izquierda (la del embrague)…ya voy llamando yo a la ambulancia.

- Recepción a taller : Dile a la ambulancia que no entre por detrás, la puerta se descolgó y atrapó a un coche. Los bomberos están intentando sacarlo.

- Taller a recepción : Ok, le digo que vaya a ventas, abrid la entrada y arrastrad a Aurelio hasta allí.

- Recepción a Taller. Entendido.

 

Dos horas más tarde la ambulancia aullaba subiendo la carretera del polígono a toda velocidad con una fractura abierta del pié derecho (el del acelerador) del pobre Aurelio. Al mismo tiempo – pero en otro lugar – se me hacía entrega de un flamante vehículo de cortesía.

Se desconoce el estado de la puerta de atrás.

 

Y aquí me tenéis, fascinado con esa nueva botonera del tablier de instrumentos del coche de cortesía que parece la cabina de un Concorde antes de salir ardiendo. ¡!Cuántos botones nuevos!!, ¡!cuánto por explorar!!. La vida está llena de sinsabores- sin duda- pero ¿qué es eso ante la nueva experiencia de un flamante coche de cortesía?.

 

Ya devuelta, espatarrado en una nueva dimensión que cabe entre el asiento y el volante, con una anchura sin límites y satisfacción inaudita miro por el enorme espejo retrovisor de mi flamante coche de cortesía y veo..humo.

¿Humo?.

Soy un optimista empedernido, por lo que pienso que es una característica de los coches de cortesía, así que sigo silbando en la esperanza de conocer nuevas cosas que enriquezcan mi experiencia sobre esta vida que me ha tocado vivir.

De reojillo, vuelvo a mirar por el espejo.

Joer!..!!cuánto humo!!.

 

Decido parar.

 

Paro, de hecho.

 

En una genuflexión a dos manos sobre el frío asfalto miro debajo del motor.

 

Fuego.

 

Ah!..claro, de ahí el humo – pienso yo -. Siempre fui bueno en lo de los acertijos. Recordando amigos, saco mi móvil y compruebo que no hay cobertura. No importa.

- 061, ¿dígame?

- Hay un coche ardiendo en la carretera, se quema. Socorro.

- Señor, esto es emergencias sanitarias, llame usted al 112. Que tenga un buen día.

 

 (sin comentarios)

 

Llamo al 112, me cuelgan. Llamo de nuevo, me cuelgan de nuevo. De pronto un camión aparece en escena, me pongo delante haciendo aspavientos con las manos.

 

- Un extintor!!…un extintor!!!.

- Tengo uno!! – dice el camionero parando el camión ,bajando la ventanilla, hablándome y echándose las manos a la cabeza.

- Rápido, rápido.

El camionero baja con un enorme extintor rojo, lo arrastra pesadamente y se dirige hacía mí.

 

- ¡!No, a mi no!!! – apunto con ambas manos a una nube de humo blanco que ha hecho desaparecer de nuestra vista al flamante coche de cortesía- ¡!Al coche!!!…!!APUNTE AL COCHE!!!.

 El camionero apunta al coche y aprieta la palanca del extintor….y nada. No sale nada.

 

- ¡!Está vacío!!.

 

Presa de la desesperación controlada me lanzó fuera de la carretera hacia una alameda que linda con la carretera. Veo un riachuelo. Le grito al camionero.

 

- ¡!Un cubo vació ¡!..!!un cubo vacío!!

 

El camionero suelta el extintor, da una vuelta de 180 grados, se dirige a la cabina, se mete…se queda metido mientras salen por detrás de su cabeza pantalones, revistas porno y una llave del 15…

 

- ¡!no tengo!!!…!!!no tengo!!!

 

Me quito un zapato y voy al riachuelo, lo lleno, me dirijo al coche de cortesía y lo vacío sobre unas enormes llamaradas que salen del capot.

El agua hace..pss

Me vuelvo al riachuelo, lleno de nuevo el zapato y repito la operación, con igual resultado. Me doy cuenta de…en fin, me doy cuenta. Me vuelvo al camionero.

 

- ¿!!Qué número calza usted!!?

- El 42.

- Coño!..no sirve. Necesitamos al menos un 54!!.

 

En éstas aparece la Guardia Civil de tráfico.

 

- Buenos dias.

- Hola agente- le miro disimuladamente el zapato.

- ¿Qué ocurre aquí?

- Bueno..es largo de explicar. Perdone, ¿no tendría usted un extintor? – el Guardia se hace con la situación en ese momento – hay que llamar a los bomberos.

- No hay cobertura – digo yo – es inútil.

- Desde la emisora sí.

 

GGCC a bomberos : Un coche arde, hay peligro de incendio por una arboleda cercana, se puede extender al monte, y al otro lado hay un hospicio de niños huérfanos. Acudan..acudannn!!!

 

Bomberos a GGCC : Bueno, no parece tan grave. Ahora mismo no tenemos camiones, pero en el momento que nos arreglen uno lo mando para allá.

 

GGCC a mi : Ya vienen.

 

El coche de cortesía arde por los cuatro costados, cuatro horas más tarde estamos el camionero, el guardia y yo mismo en una agradable tertulia alrededor de la hoguera que nos calienta en esta fría mañana de diciembre.

 

Llegan los bomberos y despliegan sus efectivos, cascos, mascarillas de gas, mangueras…y se dirigen hacía un amasijo de hierros calcinados cubriéndolo de espuma. Después, tan rápido como han venido, recogen y se largan.

 

Guardia: Bueno, pues misión cumplida. Circulen.

Camionero : ¿Le llevo? – dice dirigiéndose a mi – si quiere en la gasolinera puede llamar a un taxi, allí hay cobertura.

 

 Yo : Gracias.

 

Indudablemente, hay mañanas que no es necesario pisar charcos.

 

Yo estaba equivocado.

Categories : sucedidos

charcos

2008.11.24


Cuando un coche pasa y te salpica de agua sucia significa que vas a tener un mal día.
No falla.
Puedes –entonces– dejar un resquicio a la esperanza y sacarle un dedo –el más largo que tengas– al hijo de puta que conduce y creer que eso exorcizará el escaso futuro que coge en las siguientes horas…, o volverte a casa y poner una de esas películas que te recuerdan a la adolescencia para creer que aún te queda lejos la muerte.
Yo hice hoy lo del dedo.
Cuando llegué a la oficina descubrí que la ADSL no había vuelto del fin de semana.
La señorita de telefónica tampoco tenía un buen día y me recordó que todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Como ella, que cogió mi “incidencia por avería” y la mandó a 50 kilómetros, de viaje –la verdad es que hacía una buena mañana para viajar- y yo me quedé con mi avería.
Y sin mi incidencia.
” Enésima llamada”
- Soy el de antes, he hablado ya con 6 técnicos, les he explicado 6 veces que no tengo ADSL. He desconectado y conectado el router 6 veces –sin resultado– y me han abierto UNA incidencia. Pregunta… ¿dónde está mi ADSL?
- Veo su ADSL, y está correcta. Usted tiene ADSL.
- Le aseguro que eso no es verdad.
- Pues la veo.
- Ay
- Lo comprobaré de nuevo… dígame su teléfono.
- 555 555 555
- No, ese no es. Su teléfono es el 666 666 666
- Ay.
- Es el que consta en su incidencia.
- Mire usted. Mi teléfono y yo llevamos mucho tiempo juntos. Se lo aseguro. Lo conozco perfectamente. Hablamos mucho. No me diga USTED A MI ¡CUAL ES MI TELÉFONO!
- Pues es el que consta en su incidencia. Deberá poner otra incidencia.
“Ommm”

(6 horas después)
- Dígame.
- Soy el técnico de telefónica, le llamo porque tengo una incidencia.
- (Yo, llorando). ! SI! SIII!!!…mire usted, llevo todo el día desesperado, soy un buen creyente, apadrino a un niño de Sudamérica, marco la casilla para colaborar con la iglesia, no pego a mi mujer y voté en blanco en el referéndum para ingresar en la OTAN. …¿podría venir…hoy?
- Si claro. Para eso le llamo.
Lloro de emoción, temo que se me entrecorte la voz y no pueda seguir hablando, trago saliva, respiro hondo e intento controlarme.
(25 minutos después)
Aparece un chaval de unos 21 años por la puerta vestido de azul. Me enseña una tarjeta de telefónica y me dice.
- Telefónica…
Salto de la mesa y le beso en la boca mientras le miro a los ojos.
(30 minutos después)
- Es el Router, se lo voy a cambiar para que no le dé más problemas.
Me casaré con ese chico.
(15 minutos después)
- Bueno, ya está. Le haré el boletín para que me lo firme. Le pasarán el costo del aparato por la cuenta donde tenga domiciliada la factura de teléfono.
Mi sexto sentido se vuelve a mi pantalla y pulsa la “e” del Explorer.
- No va –digo sin sorpresa– no tengo conexión.
- Pues el mío sí –me dice el técnico– eso es por la IP que tiene, la suya es estática y la mía dinámica.
Yo pienso que me está diciendo que la suya es más grande que la mía.
- Muy bien, muy bien. ¿Pero me estás diciendo que vas a salir por esa puerta, habiéndome colocado un router, y sin que yo tenga conexión?
- Bueno, yo es que no puedo…
- JA! –me acerco hasta que su cara queda a dos centímetros de la mía- .Tú no te vas de aquí hasta que yo tenga conexión.
- Tendrá que hablar con mi jefe.
- Yo hablo con quién tú quieras. Mato a quien sea, me desnudo, incluso estoy dispuesto a dejar de ser virgen por las orejas. Pero quiero mi conexión.
(1,5 horas después)
- ¿Si?
- Soy yo ¿te queda mucho?
- Bueno acabo de recuperar la ADSL, estoy intentando solucionar lo imprescindible.
- Ah! No te lo vas a creer. He estado en hacienda, tienes que pagar intereses por lo que te dieron los del FORUM.
- (silencio angustioso)…con voz queda…estooo…te recuerdo que los del FORUM me quitaron…!no me dieron!
- Sí, justo eso les he dicho a los de hacienda.
- ¿Y cuanto dicen que les debo?
- Eso es lo mejor. Dicen que de los tres mil euros que te dieron (pero que no te dieron), tienes que pagar cuatro mil.
- Eso no es posible.
- Sí, justo eso les he dicho yo.
- …
- …
- Oye.
- ¿Qué?
- ¿Tenemos la peli de oficial y caballero?

Categories : sucedidos