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	<title>El blog de Charlie a Secas</title>
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	<description>varón, raza blanca</description>
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		<title>dos minutos</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Mar 2010 21:04:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[
¿Más café, Sr. Wheendorf? —Elsa, la camarera, espera contestación con la  cafetera en vilo. Lleva un mandilón blanco impoluto aún por lo temprano  de la mañana y luce una sonrisa recién estrenada. La cofia, demasiado  pequeña para su cabellera, se agarra al pelo con cuatro horquillas  hábilmente colocadas. El Sr. Wheendorf, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/03/taza-cafe-copia.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1052" title="taza cafe copia" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/03/taza-cafe-copia.jpg" alt="" width="400" height="300" /></a></p>
<p>¿Más café, Sr. Wheendorf? —Elsa, la camarera, espera contestación con la  cafetera en vilo. Lleva un mandilón blanco impoluto aún por lo temprano  de la mañana y luce una sonrisa recién estrenada. La cofia, demasiado  pequeña para su cabellera, se agarra al pelo con cuatro horquillas  hábilmente colocadas. El Sr. Wheendorf, que tiene una edad indefinida  entre cincuenta y pocos y sesenta y muchos, la mira y parece reflexionar  sobre la pregunta. No contesta. Elsa se impacienta y hace un ademán con  la cafetera provocando que un par de gotas salpiquen sobre el mandilón.  Su cara pierde la sonrisa y se estira para retirarse molesta por  haberse ensuciado. —Sí, gracias. Tomaré media taza más de ese estupendo  café tuyo Elsa. Perdona, estaba distraído. ¿Te has manchado?, cuanto lo  siento. Ha sido culpa mía. —Elsa sirve el café embelesada por las  palabras del hombre que agradece de forma inmediata con otra sonrisa  aunque, en esta ocasión, de segunda mano. Un humo denso surge desde el  fondo de la taza conforme el negro líquido es vertido, Elsa asoma la  cabeza al interior de la taza intentando calcular el nivel del líquido,  se detiene —un poco más Elsa—. Elsa escancia un escaso chorrito que  termina con un gesto satisfecho del hombre. —Muchas gracias—. Elsa se  retira sacudiéndose con la mano las dos manchas de café en su mandilón  mientras sostiene la cafetera con la otra mano. Está algo disgustada.</p>
<p>La escena ha durado exactamente dos minutos.</p>
<p>Durante ese tiempo, dos hombres han entrado en el local haciendo  tintinear la campanilla de la puerta. Se han dirigido a la barra y se  han sentado en dos taburetes. Uno de ellos, el alto con gabán beige y  sombrero de ala, ha cogido la breve carta de dos hojas mientras  terminaba de acoplarse a su asiento en un decidido movimiento. El otro,  el del bigote, se entretiene mirando el local haciéndose una idea de su  composición. Al no encontrar nada interesante mira a su compañero que  está concentrado en la carta. Este,con un leve cabeceo negativo mientras  lee murmura algo disgustado.</p>
<p>A miles de kilómetros de allí, justo dos minutos antes que ocurran ambas  escenas; una sonda de cinco kilómetros de longitud golpea el subsuelo  terrestre en su búsqueda incesante de petróleo. Cada impulso hace que  penetre aproximádamente un metro hacia el fondo de la tierra. De pronto  se detiene. Las alarmas empiezan a gemir en la base situada sobre una  plataforma en algún lugar del Océano Pacífico. La ha detenido una losa  del tamaño de Europa que impide su avance. El ingeniero jefe pulsa el  botón para que el sonido de la alarma se detenga y deje de castigar sus  oídos. Disgustado, deja la lectura que hasta ese momento le absorvía. La  sonda se detiene continuamente al encontrar ese tipo de dificultades en  su avance. Él sabe qué hacer. Mira los gráficos del fondo durante  treinta segundos y decide que esta vez se va a saltar el protocolo de  seguridad que impide darle al botón rojo para que la sonda siga  horadando con un empuje extra que rompa el obstáculo que la detuvo. Eso  ahorrará mucho tiempo y dinero, y él podrá seguir con su lectura. Lo  hace. Cincuenta segundos después, justo cuando Elsa empieza a verter  café en la taza del Sr. Wheendorf, la sonda empuja la losa, una grieta  se abre como una cremallera dividiéndola en dos hasta que su propio peso  la parte. Un enorme estruendo envuelve al ingeniero jefe que comprende  que ha metido la pata. Una falla subterránea cede por el peso de la losa  al depositarse sobre el fondo y hace que se deslice la plataforma  continental de Asia; y en quince segundos, justo el tiempo que tarda el  hombre alto con gabán en murmurar algo con gesto contrariado, se produce  el mayor terremoto de la historia de la humanidad que acabará primero  con el continente y más tarde con la vida en la tierra.</p>
<p>Los gestos de disgusto se generalizan.</p>
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		<title>Barrio Infierno. Colores.</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Mar 2010 12:34:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[Vitrina]]></category>
		<category><![CDATA[barrio infierno]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/03/33charlie1.jpg"><img src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/03/33charlie1.jpg" alt="" title="33charlie" width="720" height="960" class="alignleft size-full wp-image-1047" /></a></p>
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		<title>un lugar en el infierno</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2010 18:25:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[barrio infierno]]></category>

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		<description><![CDATA[
Estoy convencido que no existe un último lugar tras la taberna “Whales Tabern” de barrio infierno. Incluso el mismo Infierno está antes. Nadie debería dejar de tomar un trago después de ir a visitarlo. Hace demasiado calor en el Infierno. En cuanto al cielo ¿quién quiere ir al cielo? No hay mujeres desnudas en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1034" title="Puerta_del_infierno-9464331" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/02/Puerta_del_infierno-9464331-300x225.jpg" alt="Puerta_del_infierno-9464331" width="300" height="225" /></p>
<p>Estoy convencido que no existe un último lugar tras la taberna “Whales Tabern” de barrio infierno. Incluso el mismo Infierno está antes. Nadie debería dejar de tomar un trago después de ir a visitarlo. Hace demasiado calor en el Infierno. En cuanto al cielo ¿quién quiere ir al cielo? No hay mujeres desnudas en el cielo, y las arpas tocan siempre la misma melodía. </p>
<p>Fue en “Whales Tabern” donde conocí a Frank. La enorme barra de madera del “Whales Tabern” acabó sellando una hermosa amistad totalmente soluble, en whiskey, por supuesto. Dicen que la barra del “Whales Tabern” fue hecha con la madera de un viejo galeón que traía esclavos negros de África. Dicen, incluso, que aún se conservan parte de los esqueletos de los que no pudieron terminar tan infecto viaje.</p>
<p>—¿En dónde? —Pregunté una vez.<br />
— En la argamasa —me contestó confidencialmente Skinner. El barman del “Whales Tabern”—por eso es negra, y no blanca.</p>
<p>Frank solía llegar de madrugada. También solía quedarse varios días con sus noches alimentándose de cacahuetes mientras bebía.</p>
<p>—Hay que hacer fondo para que la bebida asiente bien—explicaba.</p>
<p>Frank vivía entre dos mujeres y su conversación siempre versaba sobre ellas. Confieso que es algo digno de escuchar. Al menos una sola vez.</p>
<p>—Ingrid tiene la piel fina. Ni el prepucio de los ángeles posee una piel como la de Ingrid —Frank gustaba de blasfemar continuamente—. Pienso guardar su lengua en formol cuando muera.</p>
<p>Frank hablaba y hablaba deteniéndose pocas veces en las que se llevaba comida y bebida a la boca. Yo prefería no preguntar, no hacía falta.</p>
<p>—Samantha es regaliz con chocolate. Fuerte al paladar. Te deja un sabor agradable entre las piernas.</p>
<p>Podía parecer que Frank era un hombre afortunado, sin embargo los días, con sus noches, que pasaba en “Whales Tabern” dejaban claro que no lo era, al menos del todo.</p>
<p>Frank dejó de aparecer por el barrio durante una larga temporada y se le echaba de menos. Su ausencia dejó ese vacío que no merece la pena intentar llenar con nada, pues jamás lo consigues.</p>
<p>Una noche regresó. Me había retrasado algo más de mi habitual hora y ya iba por su quinto whiskey. No lo saludé. En cambio me senté a su lado como si jamás se hubiera ido. Él empezó a hablar.</p>
<p>—No pude elegir. Las mujeres siempre quieren que elijas. Siempre quieren que las elijas a ellas. Pero yo quería a las dos. Quería elegir a las dos.<br />
—Sí Frank —dije yo intentando comprender.<br />
—Al final he elegido ninguna, supongo que es la elección más justa. </p>
<p>Frank aún está sentado en la barra de la única taberna de barrio infierno. Creo que en realidad teme irse de allí. Más allá no hay nada.</p>
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		<title>sin sombra</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2010/02/05/1029/</link>
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		<pubDate>Fri, 05 Feb 2010 17:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[
Bajo la encina de un bosque que no existe, 
no estoy sentado a la  sombra de un día soleado. 
Tampoco hojeo un libro. 
Ni escucho los  sonidos de mi alrededor. 
Bajo la encina de un bosque que no existe, 
no marcaré en su tronco un nombre, ni un corazón. 
Ni respiraré  aire [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-1028" title="sin sombra" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/02/sin-sombra.jpg" alt="sin sombra" width="286" height="320" /></p>
<address style="text-align: center;">Bajo la encina de un bosque que no existe, </address>
<address style="text-align: center;">no estoy sentado a la  sombra de un día soleado. </address>
<address style="text-align: center;">Tampoco hojeo un libro. </address>
<address style="text-align: center;">Ni escucho los  sonidos de mi alrededor. </address>
<address style="text-align: center;">Bajo la encina de un bosque que no existe, </address>
<address style="text-align: center;">no marcaré en su tronco un nombre, ni un corazón. </address>
<address style="text-align: center;">Ni respiraré  aire puro. </address>
<address style="text-align: center;">Ni cogeré tu mano para pasear en un camino</address>
<address style="text-align: center;"> que no existe</address>
<address style="text-align: center;"> en un bosque</address>
<address style="text-align: center;"> que no existe. </address>
<address style="text-align: center;">Tampoco beberé agua de una fuente, </address>
<address style="text-align: center;">ni  reiré palabras que no fueron dichas por tu boca que ya no está. </address>
<address style="text-align: center;">No  tocaré tu pelo, </address>
<address style="text-align: center;">ni nombraré tu nombre. </address>
<address style="text-align: center;">Ni tendremos más hijos  que nunca reirán entre columpios y que jamás nos llamarán por la noche. </address>
<address style="text-align: center;">Bajo la encina de un bosque que no existe. </address>
<address style="text-align: center;">No estoy yo, </address>
<address style="text-align: center;">ni  estás tú.</address>
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		<title>El monopoli</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 07:26:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Jugamos a monopoli?, la escena tenía su gracia. El estaba en calzoncillos blancos, de los de huevera, demasiado grandes teniendo en cuenta lo fláccido de su miembro. Sentado sobre la cama ella no sabía de dónde había aparecido el juego que le ofrecía con entusiasmo. Ella vestía poco más que un hilo dental en su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Jugamos a monopoli?, la escena tenía su gracia. El estaba en calzoncillos blancos, de los de huevera, demasiado grandes teniendo en cuenta lo fláccido de su miembro. Sentado sobre la cama ella no sabía de dónde había aparecido el juego que le ofrecía con entusiasmo. Ella vestía poco más que un hilo dental en su entrepierna, y desde luego, no podía considerarse el uniforme idóneo para tan sesudo juego.</p>
<p>—Bueno —contestó ella— pero deberíamos poner reglas.</p>
<p>—¿Reglas? —preguntó a su vez él— pero si las reglas ya están puestas.</p>
<p>—Pero podemos cambiarlas, no me gustan las reglas como están.</p>
<p>—Bueno, ¿y qué reglas quieres cambiar?</p>
<p>—Si tú pasas por una propiedad mía, aparte de pagarme deberás hacerme un favor sexual, el primero lo elegirás tú, el segundo lo elegiré yo, pero siempre con una condición.</p>
<p>—¿Cuál? —dijo él mientras su huevera quedaba más rellena a ojos vista.</p>
<p>—No puedes correrte, yo sí, porque son mis propiedades, pero tú no.</p>
<p>—¡Ah!, claro —cedió él. Abrumado se puso el monopoli en la huevera que a esas alturas se le quedaba claramente pequeña. Lo cual demuestra lo difícil que es hacer ropa interior para los hombres, no hay forma.</p>
<p>—¿Y tus reglas? —preguntó ella destapando el juego mientras él sujetaba firmemente la caja como si fuera un bastión.</p>
<p>—¿Las mías? —se puso colorado sin poder contenerse— bueno, supongo que las mismas que las tuyas ¿no?</p>
<p>—O sea que cada vez que caiga en una propiedad te pago y te hago un favor sexual, pero no puedo correrme y tu sí, ¿es eso?</p>
<p>—Mujer, cada vez…,</p>
<p>—Pues defínete, las reglas han de ser claras. ¿Te corres o no te corres?</p>
<p>—Me corro, me corro.</p>
<p>—¿Ves? no es tan difícil. Ahora las penalizaciones.</p>
<p>—Pe..pe..pe..</p>
<p>—¡Claro!, si no me pagas puedo darte crédito hasta un máximo del diez por ciento del efectivo en mi poder, si no me corro cuando me hagas un favor sexual entonces te quedas un turno sin jugar, si te corres cuando no debas entonces me tienes que dar la mitad de tu efectivo.</p>
<p>—Pe..pe..pe..pero, pero..</p>
<p>—¿Pero?</p>
<p>—Oye.</p>
<p>—¿Qué?</p>
<p>—¿Y si follamos?</p>
<p>—Desde luego —dijo ella apartando el monopoli— es que todos buscáis lo mismo.</p>
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		<title>Escribir es fácil</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2010/02/02/escribir-es-facil/</link>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2010 06:29:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[
Escribir es fácil, yo lo hago a todas horas, escribo informes para el  despacho y os aseguro que en momentos de inspiración, que me pillan  trabajando, claro, algunos de esos dictámenes sesudos, exactos y  certeros son pura literatura. ¿Creéis que exagero?
Una vez tuve que dictaminar si un rayo había o no alcanzado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1017" title="1260178180_1" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/01/1260178180_1.jpg" alt="1260178180_1" width="470" height="172" /></p>
<p>Escribir es fácil, yo lo hago a todas horas, escribo informes para el  despacho y os aseguro que en momentos de inspiración, que me pillan  trabajando, claro, algunos de esos dictámenes sesudos, exactos y  certeros son pura literatura. ¿Creéis que exagero?<br />
Una vez tuve que dictaminar si un rayo había o no alcanzado un  transformador de alta, lo cual quiere decir algo muy técnico que es  mejor no explicar, pues esa magia que rodea al conocimiento desde la  ignorancia es la base, y el alimento, de todo técnico. La cuestión es  que en un caluroso día de agosto giré la oportuna visita para comprobar  el estado del transformador. Más de cuarenta grados hacía. Parapetado  tras mi aire acondicionado me dirigí al campo, donde vivía el  transformador antes de ser calcinado por, supuestamente, un maléfico  rayo.<br />
Tras las oportunas observaciones de mis expertos ojos a los que no se  les escapa nada técnico, mi dictamen fue implacable.<br />
“Nada de rayo, el transformador se ha quemado de muerte natural. Baso mi  dictamen en la edad, cincuenta años, el estado de conservación, una  ruina, en los apósitos perlados que impregnan los cartuchos de los  fusibles con ligeros tonos anaranjados tirando a verdosos por las  aristas, señal inequívoca de una combustión lenta con temperaturas  inferiores a la de fusión del cobre y porque lleva sin haber tormenta  desde hace dos años.”<br />
Implacable.<br />
Muchos son los momentos en que las letras, esas enemigas acérrimas  cuando se trata de escribir relatos para certámenes, me han acompañado  en mis viajes laborales haciendo de ellos aventuras quijotescas sin  igual.<br />
Fue un día que no sé si hacía calor o frío, la verdad, cuando el caso  más extraño que ha pasado por mi despacho de técnico pluscuamperfecto  llegó a mi mesa. Desordenada. Característica que siempre la ha definido  perfectamente. Como digo, nada hacía sospechar que esa mañana el destino  iba a ponerme a prueba con.., otro transformador.<br />
No es que la electricidad haya sido una de mis pasiones de juventud,  ahora que lo pienso, mis preferencias pasionales iban dirigidos por  otros derroteros bien distintos y que no es muy difícil imaginar. Pero  la electricidad, se ve, era mi verdadera vocación seguramente frustrada  por el espantoso profesor que tuve en la Universidad, un tipo con un  gaznate prodigioso, capaz de hipnotizarte con su glotis mientras la  movía como un reloj subyugante, solo que verticalmente. Los alumnos,  sobre todo los pelotas que se sentaban en primera fila, caían en un  sopor fulminante. Ni os digo lo que ocurría con los de las filas de en  medio. Y yo que me sentaba en la última acabé sacando la conclusión de  que la corriente alterna era la de los pobres.<br />
Pero el destino es así, como sea. Y esa mañana —como explico— me dirigí a  comprobar la razón de que saltaran los fusibles en un transformador  que, en esta ocasión, vivía en la sierra. Desde hacía semanas, cada  amanecer, los chalets habitados de la zona se quedaban sin luz, con la  consiguiente molestia de no poder preparar tostadas, ni café, ni  ducharse después de hacer el amor por parte de los convecinos que  empezaban a estar a esas alturas, más que molestos, cabreados.<br />
Con determinación me fui hacia el despacho del técnico que había  realizado la reparación en cada una de las ocasiones y que, suponía con  perspicacia, estaría hasta los huevos de subir a la sierra todos los  días. Después de los saludos y espera pertinentes me hizo pasar a su  despacho un afable hombre entrado ya en edad que me expuso la factura de  su trabajo.<br />
—¡Setecientas mil pesetas en fusibles! —no pude sino exclamar cuando me  enseñó el boletín. Confieso que en mi primera impresión pensé que estaba  ante un chorizo que ríete tú de los de Cantimpalo. Pero el aspecto de  abuelo de Heidi, lo amable de su conversación y sus ojos desesperados  terminaron por convencerme.<br />
—Es la primera vez en cuarenta años —comenzó a explicarme el abuelo de  Heidi— que tengo un caso similar. Hemos subido todos los días durante  dos semanas tras el correspondiente aviso del presidente de la línea que  alimenta la zona. Hemos cambiado veintiocho fusibles en total, hemos  medido la tensión, correcta, no ha habido tormentas en la zona desde  hace meses, hemos revisado siete veces la toma de tierra…, en fin, nada.  No hemos podido descubrir lo que provoca que salten los fusibles. La  gente se nos echa encima, somos los técnicos de mantenimiento de la  línea y empiezan a creer que no sabemos lo que tenemos entre manos. No  puedo permitírmelo. Por eso hemos decidido contratar a un técnico  cualificado. Usted.<br />
—Yo.<br />
—Sí, usted.<br />
Algunas veces entran muchas ganas de salir corriendo.<br />
Nos montamos en el Land Rover y nos fuimos a ver el transformador que  estaba a dos horas de camino. Durante el mismo, el abuelo de Heidi me  contó complicadas teorías que había elucubrado para solventar la  cuestión, pero invariablemente, ante mi entusiasmo por llevar a cabo  cualquiera de ellas que me sacara de tal aprieto, venía siempre una pega  que él mismo también había elucubrado y que imposibilitaba su inicial  propuesta. Yo estaba cayendo en una profunda depresión cuando, por fin,  llegamos al lugar donde el misterioso hecho acontecía.<br />
Bajé del coche con alivio y seguí al buen hombre por un sendero que nos  condujo al pié de la torre donde descansaba lo que —pensaba yo entonces—  se iba a convertir en mi pesadilla. Al llegar él se paró a pocos metros  y me dejó pasar. Yo comprendí que me estaba dando la alternativa, así  que me puse la montera y salí a la plaza.<br />
Me dirigí decidido a la torre, me paré y la observé con saña. La rodeé  conservando la distancia de seguridad no fuera a ser que diera calambre y  cuando llegué a su espalda la observé con saña.<br />
—Mmmm —dije.<br />
—¡ Qué! —exclamó él.<br />
—Todo normal. Es un transformador normal. Dictaminé yo.<br />
—¡ Ah!, pero entonces ¿por qué saltan los fusibles?<br />
Me retiré sin contestar sumido en una profunda reflexión dirigida hacia  un agujero negro que eran mis pensamientos, practicando algo que con  habilidad he perfeccionado con el tiempo. La puesta en escena de un  técnico. Un verdadero técnico tiene cientos de datos en la cabeza que le  dan vueltas como los planetas al sol. Por ello necesita tiempo para  clasificarlos. De ahí la profunda reflexión. Un verdadero técnico es  como un yogui en éxtasis cuando realiza dicha labor, su concentración es  tal que se aísla de este mísero mundo que Dios nuestro señor, con ayuda  de Zapatero, nos ha puesto como prueba terrenal antes de ir a disfrutar  de las huríes que nos esperan en el más allá. De ahí que no le  contestara.<br />
Pasado ese instante se me ocurrió algo.<br />
—Mañana por la mañana, antes de amanecer. Nos venimos los dos aquí y  esperamos a ver qué pasa.<br />
—Buena idea —dijo el abuelo de Heidi.<br />
—Por supuesto —dije yo.<br />
Y así lo hicimos. Quedamos citados a las cuatro de la mañana y repetimos  el viaje entre bostezos y una amena conversación. Nos sentíamos  partícipes de una aventura encaminada a descubrir un misterio de la  naturaleza. Su pundonor y mi cara dura se hermanaron en un objetivo  común y eso creaba una atmósfera vital dentro del Land Rover que ya no  era un Land Rover, era el barco de Magallanes antes de doblar el cabo de  los infiernos, el trineo de Admunsen antes de conquistar el polo, el  mono de Marco antes de ir a por su madre.<br />
Llegamos de noche cerrada y nos desplegamos en silencio. Hablábamos  bajito, y no nos pusimos a reptar porque él se negó. Rodeamos al  transformador que no advirtió nuestra presencia y nos dispusimos a  esperar sentados tras unos matorrales desde donde teníamos una buena  visual. Mi compañero sacó un termo de café.<br />
—¿bss bss bss? —me susurró alcanzándome una taza de aluminio.<br />
—¿Qué? —dije yo bajito— Ah, sí —dije al ver la taza.<br />
—¿bss bss bss? —volvió a espetar el abuelo de Heidi, pero esta vez no me  mostró nada.<br />
—¿El qué? —pregunté sin atreverme a alzar la voz.<br />
—¿Qué? —entendí claramente que me decía.<br />
Joder, pensé yo.<br />
En esas estábamos cuando un ruido ensordecedor tapó nuestro silencio y  acabó con nuestros susurros. Ambos nos quedamos petrificados ante tal  violación inesperada que apabullaba la paz del monte y sorprendía  nuestra vigilancia. Nos limitamos a esperar que el cielo cayera sobre  nuestras cabezas en ese momento cuando los vimos. Cientos, miles de  estorninos formaban una clara nube viva que sombreaban el albor de la  mañana aún tímida, se dirigían a la línea que terminaban en nuestro  transformador. El fresco de la mañana hacía que buscaran el calor de la  línea y se posaban en una hilera interminable en los vanos que formaban  el cableado. Su piar ensordecedor aumentó en escasos segundos conforme  iban llegando y posándose en los cables.<br />
Asombrados, nos levantamos al unísono para contemplar el grandioso  espectáculo. Al hacerlo, los estorninos se asustaron y en sincronía  levantaron el vuelo como si de un solo animal se tratase. Los cables  cimbrearon y se tocaron. Del transformador saltaron chispas por el  cortocircuito.<br />
Fue un espectáculo de luces y sonido.<br />
Abrazados, festejamos la resolución del misterio. Los estorninos. Ellos  eran la causa de que se fuera la luz. Habíamos conquistado nuestro polo.<br />
Así que ya sabéis. Si tenéis problemas de electricidad. Me podéis  consultar cuando queráis.</p>
<p>El técnico.</p>
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		<title>Poema de desamor y nicotina</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 12:48:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Supe que lo nuestro había terminado
cuando me encontré mi cajetilla de tabaco vacía,
ella, antes, siempre me dejaba un cigarrillo
para después de desayunar,
antes, cuando yo le importaba.
Ahora se fuma todo mi tabaco
la muy zorra
y me deja la cajetilla, vacía y cerrada,
encima de la mesa de la cocina.
Lleno de esperanza y ansiedad
corro esperando algún cigarrillo que diga
aún [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Supe que lo nuestro había terminado</p>
<p>cuando me encontré mi cajetilla de tabaco vacía,</p>
<p>ella, antes, siempre me dejaba un cigarrillo</p>
<p>para después de desayunar,</p>
<p>antes, cuando yo le importaba.</p>
<p>Ahora se fuma todo mi tabaco</p>
<p>la muy zorra</p>
<p>y me deja la cajetilla, vacía y cerrada,</p>
<p>encima de la mesa de la cocina.</p>
<p>Lleno de esperanza y ansiedad</p>
<p>corro esperando algún cigarrillo que diga</p>
<p>aún te quiero</p>
<p>pero está vacía como una carta de despedida</p>
<p>sin palabras.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>¿quién tiene el mando?</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 12:16:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Nunca es como uno piensa
es inútil
así que es mejor no pensar
¿venderán interruptores para cerebros?
en teletienda no he visto ninguno.
Y encima no legalizan el hachís,
maldito país.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca es como uno piensa</p>
<p>es inútil</p>
<p>así que es mejor no pensar</p>
<p>¿venderán interruptores para cerebros?</p>
<p>en teletienda no he visto ninguno.</p>
<p>Y encima no legalizan el hachís,</p>
<p>maldito país.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>sin vida, con amor</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 15:44:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escaso, como la promesa de un polvo, el día de ayer
entre luces de colores, que en tu piel, mudaron a negro
espera, y pusiste la mano en mi pecho
estoy triste, dijiste.
Empecé a desnudarme ignorando tu súplica
encendiéndome de pasión anticipando el roce de tus pechos
espera, volviste a decir
empujé esa espera
encima de la cama
empujé mi verga, dentro de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escaso, como la promesa de un polvo, el día de ayer<br />
entre luces de colores, que en tu piel, mudaron a negro</p>
<p>espera, y pusiste la mano en mi pecho<br />
estoy triste, dijiste.</p>
<p>Empecé a desnudarme ignorando tu súplica<br />
encendiéndome de pasión anticipando el roce de tus pechos</p>
<p>espera, volviste a decir</p>
<p>empujé esa espera<br />
encima de la cama<br />
empujé mi verga, dentro de ti</p>
<p>empezaste a llorar, rogándome que parara<br />
en cada lágrima, una súplica</p>
<p>entre tus piernas te abracé, lo juro</p>
<p>en serio, lo juro.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Cómo explicarme</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2010/01/22/como-explicarme/</link>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2010 15:28:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.charlieasecas.com/?p=999</guid>
		<description><![CDATA[
Cómo explicarte
 
apenas en una vida
mil momentos, muchas mentiras
algunas verdades.
 
Encerrado en aquel encierro,
busqué islas, y encontré mares
mientras tú te ahogabas en silencio…
riendo mis risas 
y llorando tus males.
 
Sé que fue poco a poco
no me gusta la palabra
inevitable
Quizás evito contártelo
 
no sé cómo explicarte.
 
Ahora que vivo entre calmas
mientras vienen,
de nuevo
tempestades
 
Sé que te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1000" title="Sin_Palabras" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2010/01/Sin_Palabras.jpg" alt="Sin_Palabras" width="400" height="298" /></p>
<p><span style="color: #ff0000;"><em>Cómo explicarte</em></span></p>
<p><span style="color: #ff0000;"><em> </em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #ff0000;"><em>apenas en una vida</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #ff0000;"><em>mil momentos, muchas mentiras</em></span></p>
<p><span style="color: #ff0000;"><em>algunas verdades.</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p><span style="color: #99cc00;"><em>Encerrado en aquel encierro,</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #99cc00;"><em>busqué islas, y encontré mares</em></span></p>
<p><span style="color: #99cc00;"><em>mientras tú te ahogabas en silencio…</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #99cc00;"><em>riendo mis risas </em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #99cc00;"><em>y llorando tus males.</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p align="center"><span style="color: #008080;"><em>Sé que fue poco a poco</em></span></p>
<p><span style="color: #008080;"><em>no me gusta la palabra</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #008080;"><em>inevitable</em></span></p>
<p><span style="color: #008080;"><em>Quizás evito contártelo</em></span></p>
<p><span style="color: #008080;"><em> </em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #008080;"><em>no sé cómo explicarte.</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p><span style="color: #993366;"><em>Ahora que vivo entre calmas</em></span></p>
<p><span style="color: #993366;"><em>mientras vienen,</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #993366;"><em>de nuevo</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #993366;"><em>tempestades</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p align="right"><span style="color: #ff6600;"><em>Sé que te quiero y me odio</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #ff6600;"><em>porque queriéndote</em></span></p>
<p><span style="color: #ff6600;"><em>he de dejarte.</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p><span style="color: #ff00ff;"><em>Me llevo la angustia conmigo</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #ff00ff;"><em>la pena,</em></span></p>
<p><span style="color: #ff00ff;"><em>de no poder amarte</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #ff00ff;"><em>preguntándome, cada momento que vivo</em></span></p>
<p><span style="color: #ff00ff;"><em>si alguna vez</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #ff00ff;"><em>podré perdonarme.</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p><span style="color: #666699;"><em>Cómo te explico</em></span></p>
<p align="center"><span style="color: #666699;"><em>lo que siento</em></span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #666699;"><em>si todas las veces</em></span></p>
<p><span style="color: #666699;"><em> </em></span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #666699;"><em>es inexplicable.</em></span></p>
<p align="right"><span style="color: #666699;"><em><br />
</em></span></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em><br />
<object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="340" height="285" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/jCSe66pWNmc&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01&amp;border=1" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="340" height="285" src="http://www.youtube.com/v/jCSe66pWNmc&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;rel=0&amp;color1=0xe1600f&amp;color2=0xfebd01&amp;border=1" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
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