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	<title>El blog de Charlie a Secas</title>
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	<description>varón, raza blanca</description>
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		<title>Un escalón bajo las estrellas</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 21:21:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[
 
 
 
 
 
 
Qué lejos está aquello
eso que una vez fui,
el ascensor, la ventana, los libros, mis recuerdos
mi forma de dormir.
Ahora tengo un escalón bajo las estrellas
donde me siento y fumo,
y el fresco me recorre el cuerpo
donde camino descalzo
y hablo a mi sombra, que me escribe poemas
haciendo brotar eso, que algunas veces, sale de mi.
 
me habla la noche [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-809" title="mask2" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/06/mask2.jpg" alt="mask2" width="518" height="392" /></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>Qué lejos está aquello</p>
<p>eso que una vez fui,</p>
<p>el ascensor, la ventana, los libros, mis recuerdos</p>
<p>mi forma de dormir.</p>
<p>Ahora tengo un escalón bajo las estrellas</p>
<p>donde me siento y fumo,</p>
<p>y el fresco me recorre el cuerpo</p>
<p>donde camino descalzo</p>
<p>y hablo a mi sombra, que me escribe poemas</p>
<p>haciendo brotar eso, que algunas veces, sale de mi.</p>
<p> </p>
<p><em>me habla la noche oscura</em></p>
<p><em>de vientos con aires de amor</em></p>
<p><em>de una gitana que suspira</em></p>
<p><em>y al exhalar</em></p>
<p><em>se le siente el dolor.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Ya voy de camino</p>
<p>me falta un momento, un amargo trago y algo de dolor</p>
<p>tras la peña está el camino</p>
<p>y al final de este</p>
<p>estoy yo.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>El masturbador de mujeres III</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jun 2009 21:17:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[
 
 
 
   En un rincón apartado Mario Cadonacci tenía, cubierta con una manta, un bulto enorme escondido a las miradas de las clientas que no paraban de llegar a manadas. Había tomado tres ayudantes, una por cada máquina expuesta, pero la demanda presionaba el negocio y tenía que poner toda la carne en el asador. La máquina [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-801" title="2486164238_23b94ba961" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/06/2486164238_23b94ba961.jpg" alt="2486164238_23b94ba961" width="359" height="500" /></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p>   En un rincón apartado Mario Cadonacci tenía, cubierta con una manta, un bulto enorme escondido a las miradas de las clientas que no paraban de llegar a manadas. Había tomado tres ayudantes, una por cada máquina expuesta, pero la demanda presionaba el negocio y tenía que poner toda la carne en el asador. La máquina guardada era un prototipo apenas probado en seres humanos, pero él tenía confianza, era su gran proyecto, la máquina letal.</p>
<ul>
<li>- Mario, yo me presento voluntaria -la que hablaba era la alcaldesa, Ágata- súbeme ahí por Dios!.</li>
<li>- ¿Te atreverías?</li>
<li>- ¿Quieres que me ponga de rodillas? -Mario se echó mano al paquete.</li>
</ul>
<p>El día que la ideó supo que sería la catedral de las máquinas sexuales para mujeres, jamás algo tan brutal podría ser superado por muchos siglos que el hombre viviera. La idea nació de una sencilla pregunta formulada en una casual tertulia. ¿Cuántas pollas son necesarias para satisfacer completamente a una mujer?, indudablemente la pregunta invita a la reflexión y al conteo. Veamos&#8230;, una, dos, tres,&#8230;, vale, cuatro, cinco. Y ya está, ¿no?.</p>
<ul>
<li>- ¿Por qué tiene seis brazos?</li>
</ul>
<p>Mario evaluaba la situación, se puso de pié y rodeó el fornido cuerpo de Ágata asintiendo con la cabeza, -eres fuerte como un caballo, alcaldesa.</p>
<ul>
<li>- Será como una yegua.</li>
<li>- Sí..,eso &#8211; Mario se acercó al oído de Ágata y le bisbiseó en secreto.</li>
<li>- Oh!.., ¿y la sexta?</li>
<li>- &#8220;bsbsbsss..&#8221;</li>
<li>- ¡Santo Dios!</li>
</ul>
<p>Mario comprendió que la Alcaldesa era la candidata idónea para una &#8220;prueba en vivo&#8221; de la máquina así que la aleccionó.</p>
<p>-Debes subirte aquí, es un columpio un poco especial.</p>
<p> </p>
<p>Ágata se deja poner argollas en muñecas y pies, un arnés acolchado la sujeta como una marioneta.Al otro extremo -Mario-, maneja cuerdas como un hábil titiritero, hace pruebas y coloca a la alcaldesa en posiciones inverosímiles. Le hace inclinarse con torso recto hasta tocarse los pies con la nariz, o le abre tanto las piernas que Ágata grita  ,a punto de partirse -cabrón!, ¡que no soy una anchoa!-, Mario comprueba que puede manejar a su antojo su particular muñeca.</p>
<p> </p>
<p>Entonces trae el monstruo de seis brazos que acaban en sendos penes de diversos tamaños y formas.</p>
<p>-Déjate llevar.- Dice Mario con una mirada que refleja seguridad.</p>
<p> </p>
<p>Maniobra para que uno de los brazos se acerque a la boca de Ágata, ella la abre sacando la lengua y se la traga. Mario empieza  a menearla adelante y atrás con parsimonia usando una de las cuerdas.Cuando coge el ritmo un baile de cuerdas compone una melodía alrededor del cuerpo de Ágatha, por todos sus orificios, a la vez.  Ella enloquece en posturas lascivas y sin pudor, su cuerpo tiene convulsiones aún con el más mínimo roce, pero la máquina no da cuartel, y orgasmo tras orgasmo la alcaldesa deja de ser dueña de sí hasta una lejana voz en su cerebro le hace gritar las palabras..!basta!.  E -igual que la primera vez- Mario detiene la máquina.</p>
<p>Tiene un rendimiento aceptable, solo queda clasificarla.</p>
<p>-Dígame alcaldesa, ¿cómo la definiría?</p>
<p>Ágatha la miró reviviendo los momentos que su cerebro había retenido y sonrió feliz</p>
<p>-Es una gran hija de puta.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>reflejos</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/05/18/reflejos/</link>
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		<pubDate>Mon, 18 May 2009 20:59:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[
 
 Busco tardes divinas que no terminan
poder mirarme en el espejo,
servirte de ejemplo, aunque no lo sea
caminar desnudo sintiéndome vestido,
busco una soledad que me salude
una cama, una piel, unos ojos en que mirarme
sentirme bien
sin vanidad ni orgullo, sin angustia
sin quemarme
hoy busqué estas letras,
hoy, que ya es tarde
busqué llorar para lavar..
y lavarme
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-796" title="ojos" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/05/ojos.jpg" alt="ojos" width="400" height="400" /></p>
<p> </p>
<p> Busco tardes divinas que no terminan</p>
<p>poder mirarme en el espejo,</p>
<p>servirte de ejemplo, aunque no lo sea</p>
<p>caminar desnudo sintiéndome vestido,</p>
<p>busco una soledad que me salude</p>
<p>una cama, una piel, unos ojos en que mirarme</p>
<p>sentirme bien</p>
<p>sin vanidad ni orgullo, sin angustia</p>
<p>sin quemarme</p>
<p>hoy busqué estas letras,</p>
<p>hoy, que ya es tarde</p>
<p>busqué llorar para lavar..</p>
<p>y lavarme</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>el rellano</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/05/16/el-rellano/</link>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 21:10:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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		<description><![CDATA[
La oscuridad del rellano de mi piso era una isla entre todas las demás luces de la escalera, luces por debajo y por arriba, pero no en mi rellano. Rebusqué el mechero soltando las bolsas de la frugal compra que esa tarde había hecho y me ayudé de su tenue luz para introducir el llavín [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-791" title="3042666285_94464419e9_b6" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/05/3042666285_94464419e9_b6.jpg" alt="3042666285_94464419e9_b6" width="321" height="560" /></p>
<p>La oscuridad del rellano de mi piso era una isla entre todas las demás luces de la escalera, luces por debajo y por arriba, pero no en mi rellano. Rebusqué el mechero soltando las bolsas de la frugal compra que esa tarde había hecho y me ayudé de su tenue luz para introducir el llavín en la cerradura. Qué coñazo!  -Pensé, harto de repetir esa operación que ya duraba demasiado-  acto seguido encendí la luz de mi hall de entrada que iluminó en avanzadilla el triste y desolado rellano. La casualidad o el destino había hecho que el presidente de la comunidad viviera justo en la puerta de enfrente haciéndonos compatriotas y convecinos de esa oscuridad maldita.</p>
<p>Al segundo timbre la puerta se abrió, y a la luz de mi hall se asomó la consorte del presidente.</p>
<p>- Buenas noches Sra. Cárdenas, ¿Está mejor su marido?<br />
- Pues no. Hoy ha venido de nuevo el médico y le ha prorrogado el reposo.<br />
¿Hay prórrogas de reposo?<br />
- Bueno, pues ya lo siento. ¿Y cree usted que su marido, como presidente de la comunidad, podrá poner la bombilla al rellano antes de que ocurra una desgracia y nos caigamos escaleras abajo algún día?<br />
- Lo siento pero está de baja, así que si quiere yo le doy la bombilla y la pone usted.<br />
Esa era la solución fácil, digo más -ahora que lo pienso- era la solución lógica. Pero nunca me ha gustado que se aprovechen de mí y trabajar gratis. En ese orden.<br />
&#8211;Pero Sra. Cárdenas, usted sabe perfectamente que los estatutos de la comunidad indican en su apartado c) del punto 3 &#8220;que el mantenimiento de la comunidad será responsabilidad del presidente de la comunidad que, bien con el pecunio a su disposición, bien de su propia iniciativa lo hará efectivo.<br />
&#8211;Sí, sí, ya sé. Pues en ese caso tendrá que esperar a que sane.<br />
- Ya. Bien. Y digo yo que usted, como presidenta en funciones ¿no podría acometer tal acción?<br />
- Eso es cosa de hombres.<br />
- Pero Sra. Cárdenas eso es poco razonable. En el siglo XXI en que vivimos la igualdad de sexos es un hecho.<br />
- Mire vecino, yo tengo 87 años. Y si cree usted que me voy a subir a una silla, quitar la tulipa y cambiar la bombilla con el riesgo de que me caiga y me rompa la cadera, va usted listo. Lo dicho, mi oferta es que yo le proporciono la bombilla y usted pone la mano de obra. Y si no está conforme, pues tendrá que esperar a que mi marido sane.</p>
<p>Y me cerró la puerta.</p>
<p>Yo estaba realmente escandalizado por tal actitud. Desde luego, no se elige ni a la familia ni a los vecinos de uno, eso va en la suerte. Y yo -estaba claro, clarísimo- había tenido una pésima suerte al dar con gente tan poco razonable. Pero esto no iba a quedar así.<br />
El bloque, dado que su hueco de escalera era muy estrecho, no tenía elevador. Lo cual obligaba a pasar andando por ese desierto de negrura.<br />
Lo cual me decidió a urdir un plan encaminado a conseguir un propósito tan justo y ambicioso como hacer que el presidente  -o su consorte-  cumpliera los estatutos y colocaran la bombilla que haría que la normalidad volviera a nuestras vidas. O, por lo menos, a la mía.</p>
<p>Esperé pacientemente a que la noche ocultara mis actos, y a eso de las tres de la mañana salí con una pequeña linternita y un destornillador al rellano. Con habilidad pasmosa quité el cajetín del punto de luz que accionaba el interruptor de la lámpara inoperativa y pelé los cables. Los junté sin llegar a unirlos y me introduje de nuevo en mi piso que es como un castillo para el hombre.<br />
Y esperé los resultados.</p>
<p>Cuando salí al día siguiente me encontré a Roberto  -del quinto A- electrocutado tirado sobre el rellano. Acto seguido me dirigí a la puerta de mi convecino y presidente y llamé.<br />
- Buenos días Sra. Cárdenas.<br />
-Qué pesao es usted.<br />
- Le llamo su atención sobre este vecino que ve usted tirado en el rellano.<br />
-!Dios mío!, pero ¿no es D. Roberto del quinto A?<br />
-Era, Sra. Cárdenas. Su pulso ya no late.<br />
- Voy a llamar a una ambulancia.</p>
<p>La comunidad se quedó un poco huérfana sin D. Roberto, al que enterraron con sentimiento y dolor. Por supuesto hubo una investigación, tanto de la policía como intramuros, pero todo apuntó a un acto fortuito. El hecho de que no existiera punto de luz se achacó al normal deterioro de las instalaciones de la comunidad, y cierto es, que hacía ya tanto tiempo que no había luz en ese rellano, que nadie recordaba la última vez que ese punto de luz  -ahora desaparecido- fue visto.<br />
La policía colocó una vistosa cinta adhesiva fosforescente para que se viera en la oscuridad con el objeto de que nadie volviera a meter los dedos en el enchufe y así acabó la cosa. O sea, fundamentalmente a oscuras.</p>
<p>Pero yo no me iba a dar por vencido tan fácilmente. Así que urdí otro plan, no sin antes preguntar a la Sra. Cárdenas por el estado de salud de nuestro líder.</p>
<p>&#8211;Prorrogado. Me dijo ella.</p>
<p>Armado con la misma linterna e idéntico destornillador, me dejé envolver de nuevo por el anonimato de lo intempestivo de la madrugada y solté los tornillos de la baranda del hueco de escalera en su tramo horizontal del rellano. De nuevo me armé de paciencia en la confianza de que lo perseguido era de justicia y que al final, el bien triunfaría sobre el mal.</p>
<p>Y esperé resultados.</p>
<p>Esta vez fue Doña Remigia del sexto izquierda quien se precipitó al vacío enredada con la baranda. Ni los bomberos pudieron separar el amasijo de vísceras e hierro de fundición que el enorme porrazo provocó. Las enterraron juntas.</p>
<p>Después de las subsiguientes investigaciones de rigor, la policía trajo más cinta fosforescente para suplir la carestía de baranda horizontal en el que -cruelmente- los vecinos habían bautizado como el rellano de la muerte.</p>
<p>-Buenos días Sra. Cárdenas, ¿cómo sigue su marido?<br />
-Agoniza, vecino.<br />
-Pero esto es el colmo Sra. Cárdenas.<br />
-La vida, vecino.</p>
<p>Plan tras plan, lo entierros se siguieron sucediendo y -lógicamente- la comunidad fue quedándose vacía del cuarto hacia arriba. Solo los afortunados iluminados que vivían por debajo del rellano de la muerte sobrevivían a la cadena de fatales accidentes que yo -en mis oscuras y solitarias madrugadas- provocaba con habilidad e imaginación.<br />
Una mañana de sábado, al salir para comprar el pan me encontré a nuestro presidente subido en una silla cambiando la bombilla.</p>
<p>-!Señor Cárdenas!, me alegro que esté usted mejor. Veo que cambia la bombilla tal y como establecen los estatutos.<br />
- Pues sí, claro.<br />
- No hay como las cosas por su sitio, ¿no cree usted?<br />
- Pues sí, claro.<br />
- Da gusto con gente razonable ¿me permite usted una indiscreción?<br />
-Pues sí, claro.<br />
- Creo que tiene usted una paciencia sin límites al vivir con su señora. Entiéndame por favor, su señora de usted es una persona agradabilísima y se ve a la legua que lo ama, pero entre hombres, ¿no cree que es un poco&#8230;rígida?<br />
-Pues sí, claro.<br />
-Lo dicho Sr. Cárdenas, un gusto verle cumpliendo con su obligación.</p>
<p>Finalmente, la paciencia y salud de hierro de nuestro presidente dieron luz a nuestras vidas de nuevo. Confieso que aprendí una lección de tal evento, y es que lo que no consigue la tenacidad, lo hace la paciencia.</p>
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		<title>Gustos y disgustos. En colores</title>
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		<pubDate>Tue, 12 May 2009 19:50:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hiperbreves]]></category>

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		<description><![CDATA[Blanco.
Recuerdo que la excitación y el deseo se mezclaban de forma que mis manos eran torpes y se enredaban en un sujetador hecho para Houdini , tres corchetes a la espalda que debían tener combinación, así que se lo bajé. Me puse tres condones, dos al revés y no entraban; al tercero tuve que encender [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Blanco.</strong></p>
<p>Recuerdo que la excitación y el deseo se mezclaban de forma que mis manos eran torpes y se enredaban en un sujetador hecho para Houdini , tres corchetes a la espalda que debían tener combinación, así que se lo bajé. Me puse tres condones, dos al revés y no entraban; al tercero tuve que encender la luz, y ella desapareció bajo las sábanas para no regresar.</p>
<p><strong>Verde.</strong></p>
<p>Me decía.</p>
<p>-Si quieres follarme llévame al campo -y yo la miraba escandalizado- me gusta mancharme de verde mientras tú te corres encima.</p>
<p>Fuimos al campo &#8220;ipso facto&#8221; y me picó un alacrán que casi se lleva el brazo.</p>
<p><strong>Rojo.</strong></p>
<p>La azotaba con una correa de cuero hasta que se le marcaban huellas en las nalgas -ella gritaba poseída-y yo me preguntaba qué saldría esta vez mal. Cuando la colgué del potro que tenía -la tía- en el salón me lié. Le até un brazo al tobillo pasando la cuerda por su pescuezo e hice un lazo turco comprimiéndole los pechos en diagonal por el esternón.</p>
<p>Hasta yo acabé atado.</p>
<p>En fin</p>
<p> </p>
<p> 
<a href='http://www.charlieasecas.com/2009/05/12/gustos-y-disgustos-en-colores/3352386172_c3ccc214a7_o/' title='3352386172_c3ccc214a7_o'><img width="150" height="150" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/05/3352386172_c3ccc214a7_o-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="3352386172_c3ccc214a7_o" /></a>
<a href='http://www.charlieasecas.com/2009/05/12/gustos-y-disgustos-en-colores/3352386172_c3ccc214a7_o1/' title='3352386172_c3ccc214a7_o1'><img width="150" height="150" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/05/3352386172_c3ccc214a7_o1-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="3352386172_c3ccc214a7_o1" /></a>
<a href='http://www.charlieasecas.com/2009/05/12/gustos-y-disgustos-en-colores/3352386172_c3ccc214a7_o2/' title='3352386172_c3ccc214a7_o2'><img width="150" height="150" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/05/3352386172_c3ccc214a7_o2-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="3352386172_c3ccc214a7_o2" /></a>
</p>
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		</item>
		<item>
		<title>La mitad de tu cama</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/04/21/la-mitad-de-tu-cama/</link>
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		<pubDate>Tue, 21 Apr 2009 19:48:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[
  
 
La mitad de tus sueños
en una cama dormida,
duermen de espaldas a ti.
Cuando duermes te miran
y despiertas,
porque no puedes dormir.
Ellos se ocultan en la sábana
y se hartan de reír,
se ríen de tus desvelos
bailando con tus miedos,
ríen hasta que se acuestan
a dormir,
en la mitad de tu cama
donde tú sueñas,
que duermes
sin dormir.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-765" title="cama" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/04/cama.jpg" alt="cama" width="391" height="365" /></p>
<p>  </p>
<p> </p>
<p>La mitad de tus sueños</p>
<p>en una cama dormida,</p>
<p>duermen de espaldas a ti.</p>
<p>Cuando duermes te miran</p>
<p>y despiertas,</p>
<p>porque no puedes dormir.</p>
<p>Ellos se ocultan en la sábana</p>
<p>y se hartan de reír,</p>
<p>se ríen de tus desvelos</p>
<p>bailando con tus miedos,</p>
<p>ríen hasta que se acuestan</p>
<p>a dormir,</p>
<p>en la mitad de tu cama</p>
<p>donde tú sueñas,</p>
<p>que duermes</p>
<p>sin dormir.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.charlieasecas.com/2009/04/21/la-mitad-de-tu-cama/feed/</wfw:commentRss>
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		</item>
		<item>
		<title>La huida</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/04/11/la-huida/</link>
		<comments>http://www.charlieasecas.com/2009/04/11/la-huida/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 11 Apr 2009 12:28:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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—Adiós cariño, estoy en el lavabo! —la voz suena metálica producto de la reverberación con los azulejos, Sofía responde desde el cuarto de baño al que parece haberse mudado hace ya cuatro años, desde la muerte del bebé.
Ella parece no darse cuenta, sencillamente su mente no pudo soportarlo; y es que hay cosas que nos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/04/la_huida30x30.jpg" alt="la_huida30x30" title="la_huida30x30" width="300" height="306" class="alignleft size-full wp-image-763" /></p>
<p>—Adiós cariño, estoy en el lavabo! —la voz suena metálica producto de la reverberación con los azulejos, Sofía responde desde el cuarto de baño al que parece haberse mudado hace ya cuatro años, desde la muerte del bebé.</p>
<p>Ella parece no darse cuenta, sencillamente su mente no pudo soportarlo; y es que hay cosas que nos sobrepasan, uno nunca sabe cual, huimos de los miedos y eso hacen que se escondan hábilmente, de pronto su mente dejó de funcionar ordenadamente. El día que me dijo que estaba embarazada su cara irradiaba felicidad, todo fue más o menos normalmente hasta que un día, un tropiezo tonto, mató al bebé. Ahora vive en el aseo, sale a horas que duermo, o que trabajo, y come verduras crudas que yo siempre le tengo en el frigorífico, nada más.</p>
<p>Es como tener un hámster.</p>
<p>En los inicios de su aislamiento probé cosas para hacerla reaccionar, sin lugar a dudas tener otro hijo parecía —al principio— la solución más lógica, intenté sacarla en vano de su isla al dormitorio, cosa no fundamental pero apropiada, y ello no fue posible<br />
—Cariño, ¿vienes a la cama?.<br />
—Enseguida amor, estoy en el aseo, ya termino.</p>
<p>Pero nunca terminaba, algunas veces me daban ganas de forzar la puerta, agarrarla de los pelos y violarla en su querido baño, pero —pensaba yo— ¿y si después le da por encerrarse en un armario empotrado?, eso sería terrorífico, al fin y al cabo, ahora, cuando venía alguien a casa, podía decirle. Sofía está en el baño, y ella contestaba —cariño discúlpame, tardaré un poco—. ¿Pero cómo explicar lo del armario?.</p>
<p>He llamado a médicos que me dicen que está mejor en casa, que no es violenta y que en el sanatorio empeoraría.</p>
<p>He estado probando a tomarme unos días libres, ella no parece darse cuenta —cariño, ¿ya estás aquí?, estoy en el baño!—, es su respuesta cuando me oye entrar.</p>
<p>Cansado de la situación, decidí jugármela el todo por el todo. Me tiré un farol en la esperanza que algún “click” en su cerebro la sacara de su encierro, recuerdo que llevaba dos años enteros sin verle el pelo.</p>
<p>—Sofía, me voy.<br />
—No trabajes mucho, cielo.<br />
—No Sofía, me voy para no volver.</p>
<p>No sé si ese silencio significó que me había comprendido, lo cierto es que no se oía nada al otro lado de la puerta.</p>
<p>—Te he dejado verdura fresca en la nevera, toda la que ha cogido. Creo que tendrás para una semana o diez días, le he dicho a Mari Carmen que se pase a limpiar y a comprar más, le dejo una copia de la llave, no te preocupes, yo le pagaré desde donde esté. ¿Sofía?</p>
<p>El picaporte se movió tímidamente, y eso hizo que me retirara de la puerta. Sofía la abrió y se quedó con la cabeza mirando al suelo, dio dos pasos, los suficientes para salir y pisar el pasillo. Me miró sin verme y me dijo</p>
<p>—Voy un momento al aseo.</p>
<p>La verdad es que estaba tan bella como la recuerdo, esa fugaz mirada me recordó la razón de no poder abandonarla, muy limpia, olía a una mezcla de perfumes que me recordaron el otoño, la primavera, una estación de tren, pasión desenfrenada, azahar, violeta, crisantemo encendido e incienso.</p>
<p>Bueno, supongo que ya volverá desde ese lugar al que se ha marchado, al que escapó, y del que espero se regrese. Porque si no, habré perdido a la mujer que quiero, casi toda mi libertad y un baño.</p>
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		<title>El vuelo de Ícaro</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Apr 2009 21:47:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[relatos]]></category>

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Hace ya cinco años que el cartel está colocado en la reja del Cine Olimpia de mi pueblo -que ya es ciudad-, de Linares. Su aspecto es como una gigantesca jaula que encierra feroces recuerdos en forma de carteles de películas antiguas. La enorme reja podría haber encerrado a &#8220;King-Kong&#8221;, y cuando pasas a su [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-754" title="icaro011" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/04/icaro011.jpg" alt="icaro011" width="352" height="717" /></p>
<p>Hace ya cinco años que el cartel está colocado en la reja del Cine Olimpia de mi pueblo -que ya es ciudad-, de Linares. Su aspecto es como una gigantesca jaula que encierra feroces recuerdos en forma de carteles de películas antiguas. La enorme reja podría haber encerrado a &#8220;King-Kong&#8221;, y cuando pasas a su lado la miras como lo harías en una cueva habitada por Australopitecus, es misterioso la ruina de un cine.</p>
<p>Porque un cine -ese cine-, está cargado de historias contadas y muchas vividas, como la de Juanillo. El tonto de mi pueblo.</p>
<p>Tenía un andar desgarbado, como de &#8220;echao palante&#8221;, inclinado como si la minúscula cabeza que tenía le pesara dos toneladas, siempre sonreía con un diente -un único diente-, que le colgaba solitario de la boca que abría de lado a lado hasta tal punto que llegaba a tocar sus dos orejas con la comisura de los labios.</p>
<p>Lo juro.</p>
<p>Una vez coincidí con él en la cola para comprar la entrada, una larga cola. Juanillo miraba nervioso hacia atrás, adelante, hablaba con todas la chicas que se le cruzaban.</p>
<p>No, no lo entendéis.</p>
<p>He dicho con todas.</p>
<p>Era increíble, las chicas se le acercaban y Juanillo les levantaba la falda, era veloz como una serpiente, y cuando conseguía ver bragas, giraba en torno a sí mismo de forma vertiginosa muerto de risa.</p>
<p>Cuando compré la entrada seguí a aquel personaje al interior del cine y me senté a su lado, yo iba sólo -me gusta ir sólo al cine- y me dediqué a observarlo. Juanillo desaparecía cuando los títulos de crédito aparecían en la gran pantalla en grafismos blancos sobre fondo oscuro, la película lo absorbía poseyéndolo, en ese momento Juanillo se transformaba en Charlton Heston separando las aguas en &#8220;Los Diez Mandamientos&#8221;, desencajado, con los brazos abiertos y gesticulando cada movimiento del bueno de Moisés.</p>
<p>El día que pasaron Superman no coincidí con él. Pero fui uno de los miles de chavales de mi pueblo que asistieron a su entierro, murió al saltar con una toalla en la espalda desde su tercer piso.<br />
Recuerdo que las todas chicas llevaban falda.</p>
<p>Ahora van a tirar el cine Olimpia, está cerrado por derribo, en el centro, junto a Santa Margarita. Donde Juanillo le levantaba las faldas a las chicas.</p>
<p>Ná más.</p>
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		<title>entre silencios</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/03/30/entre-silencios/</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2009 20:42:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[poesia]]></category>

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		<description><![CDATA[
En los silencios que cogen entre dos palabras,
abarca el abismo sus largos brazos
callando palabras que hacen daño
que murieron en el silencio, abandonadas.
El verso es triste, cuando baña una herida
y got
e
a
sangre,
una,
que es la mía.
Hoy maté dos palabras, entre letras dormidas
que decían &#8220;te siento&#8221;, y en el sentir, yo te sentía
callar palabras.
Que entre silencios,
&#8230;
dormían.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-740" title="silencios" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/03/silencios.jpg" alt="silencios" width="400" height="400" /></p>
<p>En los silencios que cogen entre dos palabras,</p>
<p>abarca el abismo sus largos brazos</p>
<p>callando palabras que hacen daño</p>
<p>que murieron en el silencio, abandonadas.</p>
<p>El verso es triste, cuando baña una herida</p>
<p>y got</p>
<p>e</p>
<p>a</p>
<p>sangre,</p>
<p>una,</p>
<p>que es la mía.</p>
<p>Hoy maté dos palabras, entre letras dormidas</p>
<p>que decían &#8220;te siento&#8221;, y en el sentir, yo te sentía</p>
<p>callar palabras.</p>
<p>Que entre silencios,</p>
<p>&#8230;</p>
<p>dormían.</p>
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		<title>R h +</title>
		<link>http://www.charlieasecas.com/2009/03/28/r-h/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2009 15:09:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Charlie</dc:creator>
				<category><![CDATA[Flashes]]></category>

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Cabe un mundo en una conversación, siempre es estimulante el desprecio aún cuando es sutil y no puedo evitar una sonrisa maligna en mi rostro cuando pienso en lo bueno que se cree y en el sacacorchos que usas cuando hablas con él intentando arrastrarlo a&#8230;
- Me dejaste, ¿porqué?, yo no lo merecía. Eres un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone size-full wp-image-735" title="soberbia" src="http://www.charlieasecas.com/wp-content/uploads/2009/03/soberbia.jpg" alt="soberbia" width="300" height="386" /></p>
<p>Cabe un mundo en una conversación, siempre es estimulante el desprecio aún cuando es sutil y no puedo evitar una sonrisa maligna en mi rostro cuando pienso en lo bueno que se cree y en el sacacorchos que usas cuando hablas con él intentando arrastrarlo a&#8230;</p>
<p>- Me dejaste, ¿porqué?, yo no lo merecía. Eres un cerdo, o al menos te portaste como tal. Pídeme excusas, confiesa que yo fui alguien en tu vida.<br />
- Ni pienso, cariño. Yo soy el ombligo de mi mundo y pienso seguir clavando palos en esa cerca que me protege de todo. Mi mundo es mi habitación, y debe seguir así, porque si no fuera de esa forma, descubriría que soy tan mortal como mi portero, o tú, o lo que es peor, como la mayoría. Y eso no puede ser, porque YO he de ser distinto, mejor.</p>
<p>La vida es un juego para valientes, osados, -y en ocasiones- para inconscientes o desesperados.</p>
<p>Literatura&#8230;sí. Eso es decir..</p>
<p>El humo del cigarrillo formaba volutas que se desplomaban en nubes desesperadas deshaciendo los perfectos círculos de donde nacieron para morir en avalanchas informes a los pies de un tacón tan afilado que hasta las baldosas gemían a su paso.<br />
Quizás el juego cambió de escenario, sorprendiendo a propios y extraños. Las frases alcanzaron su punto álgido cuando se miraron a los ojos y tras el insulto quedó el cariño, después vino la rabia, y el último se marchó sin despedirse&#8230;<br />
Quizás un adiós era demasiado para ese último encuentro que no abordó un final.</p>
<p>Ja!</p>
<p>No creo en dioses que usan zapatos para caminar y dedos para escribir, solo la suma egolatría de creerse distintos reflotan un alma podrida y pobre, solo el afán de creerse mejor soporta una vida que se arrastra hasta el infierno más terrible que existe. El anonimato de un ego hinchado artificialmente.</p>
<p>Sin embargo, hay cosas que relucen y dan cabida a la esperanza.</p>
<p>La belleza puede estar en una &#8220;coma&#8221;, que parezca un suspiro.</p>
<p>En un espacio, que caiga al vacío.</p>
<p>En una letra, una palabra, una frase o un libro,</p>
<p>en resumen,</p>
<p>Brilla el talento a pesar de sus vidas, con amaneceres tempranos y tardes que no terminan.</p>
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